Yo sé que es una queja recurrente, y también sé que corro con el riesgo de ser acusado de nostalgioso y de apegado a las costumbres, pero no logro acostumbrarme al nuevo horario: me agarra hambre a las 11 de la noche, me levanto seis y media de la mañana, creo que son las cinco de la tarde cuando el reloj marca las ocho, y a las diez de la mañana se me hacen las tres de la tarde.
Para peor, extraño terriblemente poner una moneda de un peso y escuchar caer el vuelto por las máquinas de los colectivos, ¿quién me devuelve ese chin-chin metálico?
Para peor, extraño terriblemente poner una moneda de un peso y escuchar caer el vuelto por las máquinas de los colectivos, ¿quién me devuelve ese chin-chin metálico?

