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NUEVO PERIODISMO ECONOMICO

8 Enero 2008

PREDICCIONES 2008

Comienza el año y pareciera que en materia económica es necesario saber qué va a pasar en los próximos doce meses con la economía argentina como si ese saber nos podrá deparar buena fortuna para todo un país.

Así vemos como distintos medios, especializados o no, dedican páginas o minutos de aire para hacer conocer los pronósticos que elaboran los llamados economistas “gurúes” pertenecientes a consultoras y fundaciones tanto locales como porteñas.

Estos pronósticos se repiten todos los años, más o menos por estos días y los encontramos en los suplementos dominicales de la prensa. Lo que no se vé muy seguido es la comparación entre lo pronosticado y lo realmente sucedido.

La desaceleración del nivel de la actividad, el colapso energético, el deterioro de las cuentas fiscales y la repercusión de las crisis internacionales formaron parte de ese cúmulo agorero que se propugnaba a inicios del 2007 con una férrea repercusión mediática.

Si vemos como terminó el año pasado en números nos encontramos con un panorama muy lejano al escenario que se predecía. Un crecimiento que alcanzó el quinto año consecutivo (récord en nuestra vapuleada historia económica) con un índice del 8.6 por ciento, un consumo que no para y suma un incremento del 8.9 por ciento, y una tasa de desempleo que orilló el 8.7 por ciento.

Son tantas las cosas a tener en cuenta a la hora de analizar un contexto económico de un país tan variable como el nuestro, si, además, a esa volatibilidad vernácula le sumamos los múltiples vaivenes internacionales que pueden llegar a sacudir estas pampas. Supongamos que usted circula por una ruta en un vehículo que tiene el parabrisas pintado de negro, y sólo tiene para guiarse el espejo retrovisor. Mientras el camino sea recto, podrá adivinar el trazado de la ruta, pero ante la menor curva, seguramente terminará en la banquina. Eso sucede con las predicciones económicas, poco sirven para adivinar lo que viene cuando la visión del análisis es escasa o nula.

Este empecinamiento de los gurúes en demostrar la inexactitud de los índices oficiales y defender vanidosamente sus propias cifras, lleva a un pobre debate que no permite centrarse en las cuestiones de fondo que son las raíces de los problemas a resolver.

La burda intervención del Indec, con la consecuente manipulación del Indice de Precios al Consumidor derivó en una crisis aún no resuelta cuando el tema de la inflación no pasa por su metodología de medición, sinó por no aplicar los controles en áreas estratégicas como los son el petróleo, el aluminio, el acero o los alimentos. Sectores que están altamente concentrados en pocas empresas que cuentan con un alto poder de decisión en la determinación de precios que sólo puede ser contrarestado por un mayor control y regularización en estos mercados.

Otro tema que circuló en demasía en medio de un año signado por las elecciones fue el del incremento del gasto público y la disminución del superávit fiscal. Es decir, se le criticó al gobierno que gaste plata de más y que ahorre menos. Dos aspectos deben tenerse en cuenta al analizar esta crítica. Si bien se le puede achacar a los Kichner la utilización electoral de los fondos, la inversión en obras fue realizada con fondos genuinos y sin caer en pedidos de préstamos en organismos internacionales con las nefastas consecuencias que esa operatoria deja, y que ninguno de los críticos alzaba su voz en contra en otras períodos históricos. Por otro lado, mientras la acumulación de reservas en el Banco Central alcanza los 45000 millones de dólares, ¿cuánto más se debe juntar para empezar a implementar una distribución del ingreso? que contemple a aquellos sectores que no se han visto beneficiados por el efecto derrame que vendría a bendecir a toda la población cuando la economía prosperara y se engorden las tasas de ganancias de empresarios y empleadores.

Lo que no queda claro, (casi nada queda claro cuando se dice a medias), si cuando se critica la suba del gasto público se lo hace a los sueldos de los empleados públicos, las jubilaciones y pensiones, las obras públicas, los subsidios (entre los que se encuentran los destinados al transporte y al gasoil utilizado en el campo), o los pagos de bonos de deuda con los que especulan gran parte de los financistas que revolotean por las citys.

No es nuestra intención sumar otro pronóstico más para el 2008 a los ya conocidos, pero sí, como comunicadores, es necesario analizar como una información incompleta pasa a ser inexacta cuando se le suma una tendencia corporativa.

La crítica se vuelve implacable cuando el Estado destina gastos a sectores postergados como trabajadores o jubilados, pero nada dice cuando las partidas son destinadas a sectores del poder económico en calidad de subsidios, reintegros o excensiones impositivas.

A veces, cuando uno se equivoca, debe asumir que siempre no se tiene la razón o que el análisis que intenta construir es destruido por la realidad que demuestra lo contrario, y aprender de la prudencia, además de ser más riguroso sobre lo que se pretende informar. Sólo así podrá el ciudadano de a pié contar con herramientas que le ayuden a intentar dilucidar un futuro a mediano plazo en medio de las incertidumbres que depara el destino.

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Rosario, Argentina
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Mi nombre es Ricardo Peralta.Vivo en la ciudad de Rosario, República Argentina.Estoy terminando la carrera de Contador Público en la Universidad Nacional de Rosario, y hace años que vengo trabajando en periodismo, hasta dedicarme de pleno al económico que es con el que tengo mayor afinidad. Estuve trabajando por LT3,por FM Universidad, la radio de la Universidad Nacional de Rosario y ahora escribo en la sección Economía del semanario ADN.

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