Kenia: El mal ejemplo del fraude electoral

Generando la hecatombe

A orillas del segundo mayor espejo de agua del mundo, el lago Victoria, situado a unos 280 kilómetros al oeste de Nairobi, se levanta la aldea paterna del hombre que hoy lucha por convertirse en el primer Presidente negro de los Estados Unidos.

Barack Obama con Microfono

Los Obama —abuela, madrastra, tíos—, son de la tribu Luo, a la que pertenece el líder de la oposición, viven en una casa en los suburbios de Kogelo, sita al final de una polvorienta calle con árboles de mimosa y mango. En las paredes hay fotos enmarcadas de la visita de Obama en 2006, cuando miles de personas acudieron a escuchar su mensaje. Pero Obama llegó mucho antes a Kenia. La abuela Sarah, con el pañuelo en la cabeza y la falda floreada, salió al encuentro del nieto pródigo en aquel viaje iniciático. El joven Barack debió sentirse entonces como el doctor David Livingstone: nunca su propia piel le pareció tan blanca. El candidato demócrata habla perfectamente el idioma Luo, y así se maneja cuando visita a la familia en la humilde aldea, entre las plantaciones de papaya y paltas, entre gallinas que corretean por calles polvorientas y niños que deambulan descalzos. [1]

La Madre PoliticaLa madre política de Barack Obama, en su hogar keniano

Mientras los dirigentes de Kenya no dudan en movilizar a sus seguidores bajo la bandera étnica para lograr beneficios políticos, buena parte de la población se muestra cansada y apática ante lo que percibe como “más de lo mismo” y donde los verdaderos perdedores son las masas más pobres del país. Las playas de fina arena, un océano de aguas transparentes y azules, enormes reservas de animales salvajes, una inmensa sabana, convierten a Kenya en el perfecto destino de buena parte del turismo de lujo. Sin embargo, detrás de esta paradisíaca postal encontramos un alto grado de corrupción, rivalidades políticas aderezadas con diferencias étnicas, donde la pobreza, las desigualdades y el desempleo son algo endógeno, casi paradojalmente una magnífica imitación del “modelo argentino”.[2]

Pero hoy el caos se esparció de pronto en todo el territorio keniata y el valor de la vida humana bajó drásticamente.

Soldados en VillaEl clientelismo político, en suma, ha sido una tónica general con los tres presidentes anteriores, que conscientes de la imposibilidad de gobernar con el apoyo de una sola etnia, lograban acuerdos con otras, aunque mantenían los privilegios para los de la suya. Esto ha ocurrido con Kenyatta (Kikuyu), con su sucesor, Moi (Kalenjin)[3] y con el último presidente Kibaki (Kikuyu). Si finalmente, Odinga (Luo) hubiese ganado las elecciones se hubiera esperado exactamente lo mismo. Pero no sucedió. La violencia en Kenia está escapando a todo control internacional. Así lo explica el editorial “The Economist” de hoy.[4]

Desde que el presidente Mwai Kibaki reclamó su controvertida victoria en los comicios a fines de diciembre de 2007 la violencia política, los disparos policiales y los choques sangrientos entre grupos étnicos de rivalidad ancestral se han propagado en toda la extensión de aquel país africano, hoy sembrado de cadáveres y regado profusamente con sangre de miles de vidas. El líder de la oposición Raila Odinga asevera que los resultados de los comicios democráticos fueron un fraude electoral, y alertó que Kenia “está a la deriva en una condición irreversible de anarquía”. Las ejecuciones sumarias a balazos y machetazos, incluso las lapidaciones y la hoguera son un espectáculo habitual en la capital Nairobi. A pesar de los esfuerzos diplomáticos para resolver la disputa política, algunos observadores temen que los asesinatos y sus represalias por rivalidades entre las pandillas étnicas podrían ser imparables.

La locura que se desató en Kenya tras las elecciones tocó seguramente su punto máximo cuando una multitud de militantes incendió una iglesia situada a 300 kilómetros de Nairobi, en la localidad de Eldoret. Allí se había refugiado un grupo de mujeres y niños, que fueron asados vivos luego de sellar las entradas para que no pudiesen escapar. Los pocos que lo lograron era rematados a machetazos por la turba.[5]

Eldoret, en efecto, es una de las ciudades de Kenya más afectadas por la ola de violencia, luego de las elecciones presidenciales del 27 de diciembre. El jefe de la oposición, Raila Odinga, que luego de los comicios había proclamado su triunfo y denunciado el robo de su “democracia”, afirmó que son más de 250 los muertos en acciones de violencia. “Primero nos esquilmaron con las elecciones, ahora disparan contra nosotros”, sostuvo el político en medio de la desesperación.

El número total de desplazados alcanzaba hasta ayer a 260.000 seres humanos, mientras que las víctimas identificadas de los crímenes callejeros alcanzan a 850, en la ex colonia británica.

El Gobierno de Kenya se mostraba en un principio dispuesto a negociar con la oposición liderada por Raila Odingo —primo hermano de Barack Obama— aunque no consideraba hasta hace poco realmente necesaria una mediación internacional, confiado en la próxima ayuda de su pariente, inminente Presidente de los Estados Unidos.

El presidente de la Unión Africana, John Kufour, y personalidades kenianas hicieron, incluso, llamamientos para que se alcanzase un acuerdo que evitara que Kenya cayese en una espiral que la convierta en otra Ruanda.

Pero ayer sucedió el asesinato por dos pandilleros del diputado opositor Mugabe Were. El hecho se produjo poco después de la medianoche cuando estaba esperando que su guardia de seguridad abriese la puerta de su casa en Nairobi, según informó la cadena británica BBC.

Salim Lone, portavoz de la agrupación opositora Movimiento Democrático Naranja, calificó el crimen como un “asesinato político”, con lo que se acrecienta aún más la frenética violencia en Kenya, sumergida en su propio calvario desde las elecciones de diciembre.

Mapa

Queda frustrada de este modo la apertura de negociaciones oficiales entre el líder opositor, Raila Odinga, y el presidente Kibaki, para buscar una salida a la crisis bajo la mediación del ex secretario general de la ONU Kofi Annan.

Odinga acusa a Kibaki de haber organizado un fraude electoral masivo en diciembre. La oposición había ganado la mayoría de los escaños en el Parlamento de Nairobi en las elecciones legislativas que se celebraron simultáneamente.

Los sangrientos enfrentamientos en Kenya son protagonizados principalmente por miembros de la tribu kikuyu, a la que pertenece Kibaki, y otras etnias, las tribus Luo, Kamba y Kalenjin, que apoyan a Odinga.

La subsecretaria de Estado norteamericana para los Asuntos Africanos, Jendayi Frazer, calificó de “limpieza étnica” parte de la violencia en Kenia, al margen de una reunión previa a la cumbre de la Unión Africana (UA) que se abrirá hoy jueves 31 en Addis Abeba.

El presidente keniano, Mwai Kibaki, cuya reelección en los comicios del pasado 27 de diciembre originó la ola de graves disturbios en el país, asistirá al encuentro de la UA.

Sobre el terreno, la policía recibió ayer por segunda vez desde las elecciones la orden de disparar a matar contra pirómanos, ladrones, personas armadas o que bloqueen las calles, para poner fin a los disturbios post electorales, al tiempo que la calma parecía restablecerse en Naivasha (oeste), escenario de violentos altercados.

“Cuatro categorías de personas se toparán con la acción policial: quienes se dediquen al saqueo, quemen casas, lleven armas de ataque o erijan barricadas”, dijo un comandante de la policía que requirió el anonimato.

La decisión llegó poco después de que comenzasen oficialmente las conversaciones entre Kibaki y el líder opositor, Raila Odinga –que lo acusa de haberle robado la victoria–, en presencia del mediador Kofi Annan, ex secretario general de la ONU. Odinga calificó la orden de “ilegal” y reclamó su retirada “inmediata”. “Esta orden demuestra que el gobierno sufre un ataque de locura mortífera”, declaró Odinga durante una visita a Kibera, un inmenso barrio de viviendas pobres de Nairobi y bastión de la oposición.

En el occidental Valle del Rift y un día después de la intervención de helicópteros del ejército, la normalidad parecía restablecerse ayer por la noche en las calles de Naivasha, foco hasta ahora de enfrentamientos mortales entre etnias rivales.

La mayoría de comercios permanecían sin embargo cerrados y la tensión seguía reinando en dos campos de desplazados instalados cerca de una prisión y de una comisaría de policía, constató un periodista de la AFP.

Al menos 12.000 desplazados, en su mayoría miembros de los luos, la etnia de Odinga, se han refugiado en estos centros.

En Kikuyu, a unos 20 km al oeste de Nairobi, la policía empleó gases lacrimógenos para dispersar a centenares de kikuyus, el grupo étnico de Kibaki, que trataban de expulsar a los luos de la ciudad.

Soldados Reprimiendo

Importancia geopolítica de Kenya

Geopolíticamente, desde Washington siempre han apoyado a los sucesivos regímenes del país, conscientes del papel tapón que Kenya —aún siendo un país musulmán— juega en la región, además del apoyo a la “guerra contra el terror” que Nairobi brindaba a Estados Unidos.

Sin embargo, el gran número de refugiados de otros estados, los movimientos migratorios internos, la presencia de grupos armados vecinos y las propias divisiones entre estados impulsadas por los colonialistas, pueden agravar aún más la situación. Pero el ambiente geográfico de Kenya era definido como “un oasis de estabilidad en una región muy volátil”.

La situación de los Masai en Tanzania o de los luo en Uganda acabó por afectar a la situación interna de esos dos países presentando un efecto dominó en toda la zona.

MApa Kenia

La importancia geoestratégica de Kenya para EEUU ha quedado evidenciada cuando las tres televisiones más importantes de Norteamérica dedicaron gran parte de su programación informativa a los disturbios en Kenya, compitiendo con la muerte de Bhutto en Pakistán. Algo inédito en aquél país si tenemos en cuenta que por lo general las noticias internacionales apenas ocupan tres minutos de los informativos.

Algunos analistas apuntan al peligro que corre Kenya de acabar siguiendo los pasos de Costa de Marfil. Y mientras tanto, algunas lecturas interesadas sobre los procesos electorales en África nos presentan éstos como situaciones llenas de manipulaciones, como si eso no se diese en las democracias occidentales, donde los gobiernos no dudan en adelantar las elecciones oportunamente o reformar los distritos electorales en beneficio propio, e incluso utilizar la economía del país como inversiones propias.

Mientras las clases acomodadas de Kenya no dudan en movilizar a sus seguidores bajo la bandera tribal para lograr beneficios políticos, buena parte de la población se muestra cansada y apática ante lo que percibe como “más de lo mismo” y donde los verdaderos perdedores son las masas más pobres de la comarca.

Si observamos con detalle la situación del país africano podemos afirmar que “ni todos los kikuyu son los dominantes ni todos los luo los desposeídos. Los diferentes procesos colonial y neo-colonial han acentuado las diferencias de clase entre las comunidades de cada tribu”. Por ello es más que probable que los caciques de diferentes etnias tengan más en común entre ellas que lo que poseen con los demás miembros de sus familias, y esto es algo que se pretende ignorar en Kenya.[6]

HospitalEl final de las políticas emanadas del colonialismo, tengan el rostro de neocolonialismo o neoliberalismo, es clave para acabar con las desigualdades endémicas de Kenya y de buena parte de África, como lo es también el abordar de una vez por todas la justa redistribución de las tierras del continente. Mientras no se afronte esto, los “pangas” (machetes que se consiguen a 1 dólar) se alzarán ensangrentados, y entremezclados además con otras armas más mortíferas y sofisticadas.


Naciones artificiales

A lo largo de la historia se han sucedido los conflictos étnicos. Por un lado se han enfrentado los “guerreros” Kalenjin con los Kikuyu. Posteriormente los Kikuyu, junto a los Luo y Luhya pelearon contra los Masai y los Kalenjin. Aquí podemos encontrar una de las raíces de los conflictos actuales, el enfrentamiento de dos tipos de vida muy ligados a la propiedad y el control de la tierra. Mientras que los Kikuyu, Luo y Luhya eran agricultores, los segundos eran principalmente pastores.

MApa Kenia

Y en este contexto la aparición del colonialismo supuso una acentuación de las diferencias étnicas. Siguiendo el manual colonial, los británicos realizaron divisiones territoriales arbitrarias, despreciando los espacios étnico-geográficos tradicionales, todo ello muy en la línea del famoso “divide y gobierna”.

Un ejemplo de esta política colonial lo encontramos en el Valle del Rift, donde hasta la llegada de las fuerzas coloniales el pastoreo era la forma de vida de la región (Masai y Kalenjin). Antes de marcharse los británicos, éstos impusieron el desplazamiento de los habitantes locales, sustituyéndolos por miembros de otras etnias, más habituados a la agricultura y más preparados para desarrollar la economía agraria y el sistema de cultivos impuestos desde la metrópolis, según su criterio paternalista particular.

Tras la etapa colonial nos encontramos con la llamada fase neo-colonial, donde las nuevas élites políticas se dedicaron a utilizar los resortes del colonialismo para lograr afianzarse en el nuevo poder. Por eso en las últimas décadas fracasaron los cambios intentados mediante las alianzas interétnicas. Así del pacto entre Kikuyus y Luos pasaremos a la alianza de los primeros con otros grupos tribales minoritarios, especialmente los Kalenjin. Y también será en este nuevo período donde encontramos otra clave para entender mejor el conflicto: La utilización política por parte de los caciques de la división étnica.

Desde que Kenya accedió a la independencia de Gran Bretaña en diciembre de 1963, tras la rebelión de los Mau-Mau, se han registrado los más grandes horrores de la violencia política. Desde entonces interminables.

Así, en noviembre de 1978 se descubrió un complot destinado a derrocar al presidente Daniel Arap Moi y al vicepresidente Mwai Kibaki y en agosto de 1982 se verificó un golpe de Estado sofocado por el Gobierno con un balance de 500 muertos.

En 1984, se registraron también enfrentamientos con la etnia somalí al nordeste del país. 300 muertos.

Durante 1990, hubo protestas para reclamar el multipartidismo, que se recién se instauró en 1991. Un año después, Moi venció en las elecciones, y resultó que ese sistema tampoco era la panacea de la democracia para la pobre nación africana.

De 1997 a 2007 sobrevinieron muchos episodios de violencia étnica, y los disturbios preelectorales de 2007, por ejemplo, demostraron que la democracia africana provoca más muertos que las antiguas escaramuzas tribales, ya que ningún linaje invadía el territorio de otro.

Concluyendo, cuando los ingleses se marcharon y trazaron fronteras artificiales, surgió el caos en casi todas las nóveles “democracias” africanas, que no estaban preparadas para la convivencia, porque sus códigos de valores ancestrales no coincidían con la dudosa moral de aquellas potencias coloniales.

David Livingstone

Epílogo incierto

Todo Kenya aguardaba con esperanza el encuentro de los seis negociadores previsto para ayer, 31 de enero, en el que el gobierno y oposición negociarían una solución pacífica al sangriento conflicto que azota el país desde las elecciones del 27 de diciembre. Las conversaciones, sin embargo, tuvieron que ser aplazadas por el asesinato a tiros del diputado opositor David Too, otra vez en la ensangrentada ciudad de Eldoret. Se puede inferir con exactitud el motivo del atentado, en el que también resultó gravemente herida una policía. Pero la versión oficial —como si hubieran aprendido las lecciones del sistema argentino— describe “un crimen pasional”. Obviamente el partido opositor ODM considera que se trata de un asesinato político que forma parte de un plan para diezmar la presencia opositora en el Parlamento.

Como dijimos párrafos atrás, Mugabe Were a plena luz en Nairobi —también diputado opositor— fue abatido hace apenas cinco días atrás. Estos hechos amenazan con desatar otra ola de violencia en Kenya, durante años considerada ejemplo de estabilidad y de modelo de desarrollo democrático en África.

Poco después de que se conociera el asesinato de Too volvieron a verse las mismas escenas de hace semanas: manifestantes enfurecidos se congregaron frente a la morgue del hospital donde se confirmó la muerte de Too, mientras que en Kisumu, tercera ciudad más grande de Kenya y feudo de la oposición, grupos de jóvenes incendiaron vehículos y arrojaron piedras a la policía. La propia Eldoret fue escenario de disturbios especialmente sangrientos hace algunas semanas, que sólo en esta ciudad costaron la vida de cientos de personas. El incidente más grave se produjo cuando mujeres y niños que se habían refugiado en una iglesia Católica murieron carbonizados después de que —como se dijo— los piquetes incendiaran el la capilla

Ban Ki-Moon, el actual Secretario General de la ONU, viajaba ayer a Nairobi para reunirse con Odinga, después de haber conversado con el reelecto Kibaki en la cumbre de la Unión Africana en Etiopía.

Más Kibaki —cuyo nombre empieza con K de Kirchner— seguramente prefiere perpetuarse en el poder, tal como nuestra vernácula “truchada” sin la molesta oposición. Paradigmática semejanza de la Argentina con “el modelo africano”, al que se está peligrosamente acercando su sistema de gobierno. “Me apodero de una Nación, la desfalco y que me tiren los galgos en un período posterior…” Tanto en Kenya como en la Argentina ha pasado demasiadas veces, y no hay ni “dios” ni Patria que demanden a nadie.

Por ahora, en la anómica Buenos Aires no queman a las iglesias con los feligreses adentro, pero no falta mucho: Hace tan sólo dos días Hebe de Bonafini ha lanzado su campaña defecatoria tras el Altar de la Catedral.

[1] “Kogelo, Kenya: Las raíces de Barack Obama”- Informe publicado en Edición i, el 19 de enero de 2007, por Carlos Fresenda y Elisabeth Sanderson: Elecciones USA 2008

[2] Txente Rekondo: Protestas en Kenya: Tan sólo un trozo de la historia

[3] Actualmente es internacionalmente buscado por la INTERPOL por haberse comprobado, tras abandonar el poder, el grado de corrupción y miseria en que dejó al país. Como los Kirchner, el dineral que sustrajo de las arcas empobrecidas del país africano lo repartió en 28 países, en cuentas bancarias y propiedades con la descomunal cifra que se robó. Su fortuna está calculada en un millón de libras esterlinas, unos u$s2.021.100.000

[4] http://www.economist.com

[5] Clarín, Martes 1º de enero de 2008

[6] Informe del Gabinete Vasco de Análisis Internacional

Autor: Dr. Carlos Marcelo Shäferstein
Investigador Senior
Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires

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2 Comentarios en “Kenia: El mal ejemplo del fraude electoral”  

  1. 1 Il Lechuzzo Che Ficchia

    Dr. Carlos M. Schâferstein

    Creo que por lo que expreso en esta carta de Lectores que me publico LHP, que es TRAMPA electoral,lo de los 400 votantes por mesa, invento “K” vigente desde 2005 y 2007. Si por sus canales se puede potenciar este cambio de la junta electoral nacional, mejorarìamos los comicios de año que viene 2009.

    Creo, y NO LO he verificado que a nivel nacional asi se ha impuesto. En Mendoza de donde soy, FUE ASÌ, y en Pcia de Baires tambien.
    El año que viene (2009) se vuelve a votar, serìa deseable quefuera con reglas mas claras

    Saludos, y quedo abierto a colaborar

    ***************************************************
    Cristina fue mayoría, en Comicios ¿Legales?

    Publicado el 24 de November, 2007 en Cartas de
    lectores, de La Historia Paralela.com.ar

    Esta, como toda verdad a medias, esconde una sartenada de mentiras. La única verdad es que: “CK” tiene la mayoría política, y que el comicio quizás fue legal, pero seguro que no fue LEAL. Este trabalenguas, no es palabrería barata para llenar renglones, hay diferencias que parecen sutiles pero son “grossas”. Cristina sacó 8.200.000 votos y es mayoría política, y tiene la suma del poder, contabilizado en la forma retorcida de nuestra ley electoral, lo que no es poca cosa.

    Pero en realidad tiene el 30 % (comprobado)del total del electorado. Esto debe leerse que de cada 100 argentinos, 70 no la quieren y 30 si. No es mayoría en el país, si es la mayoría política. ¿Porqué el comicio no fue leal? Porque por mesa del comicio para votar en el 2005 y 2007, fueron de 400/470 votantes por mesa.
    La realidad es que en las 10 hs. del comicio (de 8 a 18 hs) SOLO pueden votar 260/290, siempre con gente votando y en la cola. La realidad entonces que esta decisión “K”, está pensada para que 110/140 argentinos, por mesa NO PUEDAN votar. “K” nos podrá gustar o no, pero que es hábil con las estadísticas …, para muestra basta un Indek. Entonces No es casualidad que 7.500.000 argentinos no hayan PODIDO votar, NO es que “inexplicablemente” se deprimen en voluntad de
    votar, este comentario es gatopardismo puro. Si
    sumamos los votos “no voté” y a los “blanco y
    anulados”, suman 9.500.000 argentinos que componen LA PRIMERA MAYORÍA.

  2. 2 Tatiana Sotres

    Me ha pareceido muy interesante toda esta reseña de hechos, las uniones que no pensamos posibles como con Obama, con Kirchner.

    Yo soy de México y nuestra situación no está muy lejana a la de Kenya o a la de Argentina… Simplemente porque la Legitimidad de nuestros gobernantes está ausente en nuestros regímenes… Si bien, nuestros países no están lejanos, como usted bien escribe, a levantar las armas para demostrar las inconformidades por no respetar la democracia de la sociedad…

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