
El día que nació el Estilo K
Parte 3
Con la llegada de la democracia, en el peronismo tres líneas internas se disputaron la
conducción: la ortodoxa, de Félix Ríquez, apodado el Puma; una que lideró el joven
abogado oriundo de Perito Moreno, Arturo Antonio Puricelli, quien sumó a veteranos
de la militancia interna como Amador Iglesias, y a sobrevivientes de las agrupaciones
juveniles de los 70; y otra con Néstor Carlos Kirchner al frente, llamada lista Blanca.
Las elecciones fueron el 3 de julio de 1983. Puricelli sumó a Rafael Flores, Francisco
Toto, Mauricio Mariani, Marcelo Cepernic, Omar Muñiz, etc. El grupo lupinero venía
reuniéndose desde octubre de 1981 en el garaje de la vivienda de Jorge Punjabi, junto a
Ramón Salazar, el Pelado Varizar, Cacho Vázquez, Alicia Kirchner y su esposo
Armando Mercado, José Ángel de Dios, y otros. Allí nació la Agrupación Ateneo Juan
Domingo Perón. Una de las apariciones públicas iniciales de la agrupación fue en un
acto de recordación de la memoria del General, en el cementerio local, bajo el paraguas
protector de viejos militantes como Nélida Cremona de Peralta y Manolo López Lestón.
Nélida Cremona y su esposo, Hugo Peralta, eran una buena cobertura frente a los
militares porque sus nombres, acompañados de su firma, estaban al pie de la nota
remitida a los servicios en la que se denunció a Orlando Stinermann, alias Alemán,
como un integrante de Montoneros. El Alemán era un viejo militante de la resistencia
peronista, de aquellos que Perón recordaba por su nombre, asociado a Envar El Kadre y
los inicios del foquismo. El 18 de abril de 1982 la agrupación estrenó la Unidad Básica
Los Muchachos Peronistas, la segunda en la ciudad desde el 24 de marzo de 1976. El
lugar elegido para su emplazamiento fue una importante y humilde barriada de Río
Gallegos, el barrio Nuestra Señora del Carmen, donde se asentaban quienes llegaban a
Santa Cruz buscando un trabajo en la administración pública o en la construcción. Un
militante de aquellos días, el Dr. César Amaya, escribió en una columna periodística del
semanario La Tarde: “… la agrupación Ateneo Juan Domingo Perón, era el resplandor
de lo que fuera la tendencia; había un juramento de marchar a la reconstrucción del
Movimiento Peronista en la horizontalidad que preconizó Perón en sus mensajes
últimos …, se proponía ganar la calle con ideología y capacitación intelectual
permanente …”. Con los años, Amaya emigraría a las huestes de Puricelli, sosteniendo
que “… el justicialismo hecho poder tiene la mala costumbre de corromper a sus
propios ideales y doctrina, se vuelve gorila …”. En verdad, la diversidad ideológica
siempre acompañó a las estructuras lupineras; muchos de sus integrantes sostuvieron un
discurso de acuerdo a postulados del peronismo de derecha y en las actuaciones
posteriores, esto se iría marcando. Armando Mercado, alias Bombón, por ejemplo, era
un ladero incondicional de Diego Ibáñez, en el Supe. Una anécdota muestra lo
variopinto de la agrupación. En el Nº 7 de la revista Sur, de agosto de 1979, dirigida por
los hermanos César y Roberto Arizmendi, un joven contador público nacional, José
Ángel De Dios, futuro militante del Ateneo, sostuvo: “… fue uno de los momentos
emocionales más difíciles que me tocó vivir, no fue nada comparable a lo ya vivido”, y
no hablaba de un gran amor juvenil, ni de su pionera experiencia sexual, ni de un
diálogo con un filósofo, sino de su encuentro con el teniente general Jorge Rafael
Videla, de visita en Río Gallegos. La estructura principal del Ateneo estaba en la ciudad
capital, pocos punteros en el interior. En tanto, los viajes de Néstor Kirchner a la Ciudad
de Buenos Aires lo acercaron a los editores de la revista Línea. Por esto no debe
sorprender que, en ocasión de la presencia de Ítalo Argentino Luder en Río Gallegos, la
columna de la Blanca, con Lupín a la cabeza, llegó hasta el escenario al grito de “Isabel
Conducción / lo demás es traición”. Y, luego, sacudieron la tarima hasta que Luder
habló algunas palabras laudatorias hacia la ex Presidente. Las contradicciones se
mantendrían a lo largo de la historia de construcción de poder de Kirchner, quien fue un
férrero defensor de la utopía revolucionaria o un posmoderno globalizado que
recomendaba a los periodistas leer a Francis Fukuyama, cuando lo interrogaban sobre la
extrema dureza del primer ajuste, en los albores de su administración. En la elección
interna del 3 de julio de 1983, la lista Blanca salió 3ra. entre tres participantes. Sin
embargo, el grupo se mantuvo unido, con más incorporaciones que defecciones. Un
importante afluente fue la denominada “banda Cordobesa”, un grupo de militantes
estudiantiles de Tupac, la agrupación del frente universitario Vanguardia Comunista.
Los primeros en refugiarse en Gallegos de la cruda represión del general Luciano
Benjamín Menéndez, fueron César Arizmendi y su compañera, la abogada Alicia de los
Ángeles Mercau, apodada Sissí; luego, sus camaradas y colegas, Jorge Chávez,
Angelina Abbona y su esposo, Mengueche Mengarelli. También otro más perejil, como
Edgar Sánchez, hermano de Gorrión Sánchez, senador por Córdoba, en su paso
arrepentido al PJ. El ingreso al peronismo de la “banda Cordobesa” trajo un plus, ya
que, luego de algunos años de cárcel durante la dictadura, otro cordobés de la
Vanguardia Comunista llegó a Gallegos, el abogado Carlos Alberto Zannini, alias
Chino. La incorporación de Zannini fue la que más frutos rendiría al emergente árbol
lupinero. El Chino venía precedido por su historia personal, sus dotes de organizador y
todo el bagaje que le ganó el respeto de sus compañeros de militancia en Córdoba. Sin
los condicionamientos de la ideología y con el estómago reforzado, Zannini se convirtió
en una pieza imprescindible del armado de estrategias para alcanzar el poder, y
consolidarlo. Así, 18 años después, desde uno de sus múltiples cargos, el de presidente
de la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, habló de sí mismo como un peronista
de toda la vida. Todos sabían en el acto universitario de la Unidad Básica más
representativa del Frente para la Victoria Santacruceña, que el Chino mentía, pero ya
tenía mucho peso como para contradecirlo. El chamuyo de Elías Semán, abriéndoles la
cabeza; el coraje de Roberto Luis Cristina; el hijo de Luis Días Salazar en el vientre
torturado de Esther, se mueren cada día en El Vesubio, mientras la “banda Cordobesa”
pasea sus abultados vientres en las 4x4 que les regaló el poder. De esa UB saldrían otros
elementos de gravitación, como Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Héctor
Aburto, y fundamentalmente quien fuera cadete en su estudio, luego su chofer personal
y más tarde, ladero incondicional, Fernando Ulloa Igor, alias Rudy. Cuando la
democracia inició su marcha en Santa Cruz, el peronismo colocó a Arturo Antonio
Puricelli y a Patricio Toto en la Gobernación. En tanto, el bloque en la Cámara de
Diputados provincial se encolumnó detrás de Rafael Flores. La mano derecha de
Puricelli, en el gabinete, y en la reconstrucción de una estructura partidaria propia, fue
Amador Iglesias. Para abrir el juego, le ofreció cargos a sus adversarios partidarios y
Kirchner fue designado presidente de la Caja de Previsión Social. Néstor Kirchner no
podía dejar pasar esta oportunidad y con sus hombres se hicieron cargo, rápidamente,
del organismo y comenzaron a crear una estructura de Delegaciones en el interior de la
provincia, donde sus punteros encontraron la base para el despliegue de los Ateneos.
Una clave fue no separar lo propio de lo partidario ni de lo institucional. Como en un
Estado dentro del Estado, anunció obras, la Casa del Jubilado, planes de financiación,
etc. Cuando él percibió que ni Puricelli ni Amador Iglesias avalaban ese “cortarse solo”,
denunció la no recepción de los aportes previsionales y el desfinanciamiento de la Caja
de Previsión, prometiendo presentar una denuncia penal. Puricelli lo renunció pero la
Blanca ya había colocado a muchos de sus hombres. Lupo intendente El poder interno
de Arturo Puricelli era inmenso, como corresponde a la relación entre quien detenda el
poder y la Santa Cruz del funcionarato. Para enfrentarlo se requería que las otras dos
fuerzas internas se unieran para dar pelea, los Ateneos y el MRP. Bajo la conducción de
Rafael Flores se había conformado, en 1985, el Movimiento Renovador Peronista, con
un veloz desarrollo en el interior de la provincia que, sumado al trabajo de Kirchner en
Gallegos, podría dar batalla a Puricelli. Las conversaciones se sucedieron hasta que,
sentados todos alrededor de una mesa de restaurante, acordaron ir juntos. Kirchner-
Flores era la fórmula para la candidatura al gobierno provincial, y Carlos María Laffitte,
alias el Francés, candidato a la intendencia de la capital provincial. Flores, con el
acuerdo alcanzado, se presentó ante sus hombres para recibir su aprobación pero lo
único que obtuvo fue un rechazo de la mesa ejecutiva del MRP. El Rafa cuenta, hoy día,
que “la oposición más fuerte vino de la Agrupación Eva Perón, de Pico Truncado”. Los
jefes de la Agrupación Eva Perón –Sergio Acevedo, alias el Negro; Ariel Arnold, alias
Chiquito; y Federico Laissen- no le ofrecieron opción: si se concretaba la unidad con el
Ateneo, de Kirchner, ellos se iban del MRP. Flores sostiene que no tuvo alternativa
porque el flanco norte del MRP se movía con la dinámica de Acevedo, Arnold y
Laissen.
En otra cena en el mismo restaurante, Flores le anunció a Kirchner el rechazo de sus
bases al acuerdo, y Kirchner se enfureció. Sus acompañantes lo observaron y, de pronto,
anunció que pondría en práctica su plan B, resignando por cuatro años la lucha por el
sillón de Gregores. Así que daría una doble batalla local, en Gallegos, por la conducción
del partido y la candidatura a intendente. Flores se comprometió a allanarle el camino,
aportándole sus votos, a cambio de que Kirchner lo ayudase en la contienda provincial.
Este acuerdo tampoco prosperó porque Laffitte quiso pelear por la intendencia de
Gallegos y se negó a bajar su candidatura. Algunos militantes del Ateneo recuerdan
aquel momento: “El Cuervo estaba quebrado y hablaba de dejar la política, la Bruja
compartía su posición; entre todos lo sacamos del pozo y logramos que volviera a
trabajar”. Pelear en Gallegos por el partido y por la candidatura a intendente no era un
objetivo inalcanzable. Las formas que adoptó el quehacer político de Arturo Puricelli
dejó una abundante cantidad de heridos internos; entre ellos, los allegados a Amador
Iglesias, percutado del Ministerio Secretaría General cuando estalló el escándalo del
millón de dólares que involucraba a la empresa constructora Gotti, a funcionarios
provinciales y al Banco de la Provincia de Santa Cruz. En la elección interna provincial,
Puricelli impuso su voluntad y el candidato a gobernador fue Jaime Del Val. Pero
Kirchner ganó la candidatura a intendente de Gallegos y se quedó con el Consejo
partidario local. Entonces, con el trabajo facilitado por el sello partidario, se
determinaron varios ejes de acción. Kirchner trabajó personalmente en el armado de un
frente y se presentó como un candidato amplio, despojado de los símbolos del
peronismo, solicitando la ayuda de Dios y prometiendo recrear el espíritu pionero. El
dejar de lado los símbolos partidarios tenía que ver con una estrategia personal y con
una lectura de los resultados de la elección legislativa de 1985, la única contienda
electoral que ganó, alguna vez, la UCR santacruceña. Se organizó una labor de timbreo
para frenar las intenciones de Puricelli-Del Val de restarle el voto peronista, mientras la
militancia inscribió en un padrón especial a los extranjeros (básicamente chilenos) que,
en Santa Cruz, se encuentran habilitados a votar para intendente. Fue uno de los trabajos
que más tiempo llevó a los militantes ya que al convencimiento de la orientación del
voto se le agregaba el trabajo de gestión de los documentos y la inscripción en un
registro especial. La estructura de propaganda quedó en manos de Cristina. En los
volantes y trípticos que se repartieron se observaba un logotipo, refritado de elecciones
en provincia de Buenos Aires, que representaba un óvalo con tornillos que
esquematizaba las viejas chapas de numeración de las viviendas, con la leyenda
Kirchner 87, y acertaron con un jingle pegadizo. Cuando Del Val aún no terminaba de
acordar su fórmula, Lupín obtuvo la foto más buscada del momento. Durante el
lanzamiento del Frente Municipal de Río Gallegos, se fotografió con Ramón Granero,
alias Bochi, del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), que poseía un caudal
electoral propio; con Roberto Arizmendi, del Partido Intransigente; y con Romero, de la
Democracia Cristiana. Las encuestas y la sensación popular hablaban de un holgado
triunfo lupinero en Gallegos, y de la candidata Ángela Sureda, de la UCR, en la
provincia. Kirchner estaba eufórico. Si se concretaban los sondeos, tendría su lugar de
despegue y eliminaría, en el mismo acto, a uno de sus competidores internos, ya que
Sureda es tía de Rafael Flores, y la Constitución provincial contenía una cláusula que
impedía la consanguinidad en quien reemplazara a un gobernador en su único mandato
permitido. La derrota repercutiría, además, sobre Puricelli y su delfín, Del Val, a quien
en sus actos masivos en Gallegos no permitió subir al palco. En el futuro, Kirchner
eliminaría estas dos restricciones constitucionales, abriendo la posibilidad de su propia
reelección indefinida y el camino a un sucesor de su propia familia. El 7 de septiembre
de 1987, los primeros escrutinios revelaron que los rumores tenían asidero, muchos
votos peronistas se volcaron a la UCR, y entre el electorado del padrón de extranjeros,
que tanto contribuyeron a engrosar los militantes de Lupín, el voto también se fugaba
hacia la UCR. A última hora, los votos de Río Turbio consolidaron un escaso margen a
favor de Del Val, y la última mesa de Gallegos indicó que Kirchner era el nuevo
intendente, por un puñado de votos más que el contador público nacional Roberto
López. La mayoría del Concejo Deliberante quedó en manos de la UCR. Lupín, quien
siempre refleja en el cuerpo los miedos, durante las últimas y angustiosas horas, luego
del cierre de los comicios, sufrió varios desmayos. Ricardo Jaime Del Val y su gente
llegaron primero a la esquina de Roca y San Martín, en Gallegos, para los festejos;
rezagado –y ya medianamente repuesto- arribó Kirchner, abrazados sobre el capó de
una camioneta, ambos agradecieron y saludaron. Una sonrisa nerviosa no lograba
cambiar la imagen desencajada de su rostro. Esa noche, Lupín empezó a dibujar
estrategias para llegar al sillón de Del Val.
Cuando Ramón Granero ayudó a Néstor Kirchner a ganar la Gobernación.


























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