No le gusta que lo llamen no vidente. Lo considera un eufemismo. Serafín Zubiri, el artista español oriundo de Pamplona que sorprendió y emocionó en la primera gala de Bailando por un sueño 2008, prefiere que le digan “ciego, porque así se les dice a las personas que no pueden ver. Como al que no oye se le dice sordo, o al que no habla, mudo. Hemos impregnado a la palabra ciego de un sentido peyorativo. Entonces pareciera que da pena llamarnos así, cuando no debería causar lamento alguno”, aclara, con una simpleza y calidez que asombran tanto como su empeño para bailar. Su ceguera de nacimiento es producto de la incompatibilidad, en la etapa de gestación, entre su sangre de factor RH positivo y el muy poco común RH negativo de su mamá.
El domingo 20 Serafín cumplirá 44 años, durante los cuales recorrió un largo camino. “La ceguera marcó mi vida, pero en positivo. De eso me di cuenta a lo largo del tiempo”, cuenta el cantante, pianista, deportista, actor y conductor de tevé y radio, según su orden de prioridades. “La música es mi eje. Desde chico desarrollé ese arte. A los Reyes Magos siempre les pedía un instrumento musical, y llegué a ejecutar melodías mucho antes de empezar a estudiar en la ONCE, la Organización Nacional de Ciegos Españoles, la mejor del mundo”.
Con la música llegó muy lejos. Grabó seis discoscomo solista, y en 1992 le puso su voz al tema central de la película La Bella y la Bestia, con el que alcanzó una inmensa popularidad en España. Y con el deporte también llegó lejos. Tan lejos como los 6.959 metros de altura del Aconcagua, pico que escaló en 1994. “Fue el logro más grande de mi vida. Eso me demostró que querer es poder. El deporte es la otra pata en donde se apoya mi vida. También hice atletismo y ciclismo. Pero nunca pasó de ser un hobby. Por eso cuando tuve que elegir entre ir a los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92, o el Festival Musical de Eurovisión, no dudé en elegir la música”.
Su corazón, el mismo con el que logra ver lo que los ojos le impiden, le pertenece a Lidia, su esposa desde 1996, una malagueña vidente de 33 años, profesora de inglés, que era fansuya. Y entre recital y recital se hicieron amigos, “hasta que un día, mediante una carta, me dijo que valoraba mi amistad, pero que necesitaba hacerme partícipe de sus sentimientos más profundos”. Fue entonces cuando le dieron paso al amor. “Todavía no tenemos hijos, pero me gustaría ser padre. Aunque si no lo soy no pasa nada. No me voy a sentir irrealizado”.
El año pasado, cuando lo llamaron para participar de Mira quién baila, la versión española de Bailando por un sueño, “al principio me pareció imposible. Pero como me gusta ponerme a prueba, acepté. Y llegué hasta la final del concurso, siendo subcampeón entre ocho parejas”. Claro que para eso tuvo que esforzarse mucho para aprender las coreografías. “Practico a través del tacto de la coach y mi pareja, reteniendo en la memoria todos los movimientos y haciendo muchísimas repeticiones. Es duro, pero no imposible. Mi objetivo tampoco es ser un bailarín profesional. Está claro que este programa, tanto en España como aquí en la Argentina, pretende entretener y divertir. Y no suele ganar el que mejor baila, sino el que mejor cae en el público”.Su sorprendente desempeño llegó a ojos de Marcelo Tinelli. Y la convocatoria de Zubiri a ShowMatch no tardó en ser un hecho. “Cuando me llamaron en febrero no lo podía creer. Me provocó un enorme orgullo. Y aquí estamos. He venido a la Argentina a seguir creciendo como artista y como persona. Y a ayudar a la gente a superar sus propios límites. Que me vean y digan ‘si este señor puede, ¿por qué yo no?’”.
Si la vida te permitiera recuperar la visión por un minuto, ¿qué elegirías ver?
–(Piensa) La cara de mi mujer y mi perro. Pero no me quita el sueño. A esta altura de mi vida me daría cierta pereza ver, y no lo necesito para ser feliz. La falta de visión te priva de la superficialidad aparente de las cosas. Y yo ya me encuentro bien así. Veo más que mucha gente. Además, probablemente si pudiera ver me llevaría muchas decepciones.














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