El hombre que escribe acerca de sí mismo y de su propia época es el único que escribe acerca de todas las épocas y de todos los tiempos.(George Bernard Shaw)
No me acuerdo de qué escritor se dijo que era un cronista de la nostalgia y de las pequeñas cosas de la vida, pero vaya desde ahora mismo mi homenaje para él, por ocuparse de la fachada cuando nos ocupamos, e incluso nos preocupamos tanto de la trastienda.
Pocos en este medio –me refiero al periodismo, claro- le damos la importancia que tiene a la penúltima hora. Todos estamos pendientes de la última hora, de la noticia de último momento. Por eso no abundan los escritores, los buenos escritores de artículos de tema ligero, que carguen sus escritos de subjetivismo y literatura.
Menudean las críticas a los usuarios del yo. Si uno habla de sí mismo o de sus opiniones lo hace para hacer constar que no se debe dar más valor a lo que se dice que el que procede de una posición personal ante las cosas.
En cuanto a los pequeños temas, éstos son preferibles a los grandes, siempre y cuando uno no tenga que escribir, de prisa y corriendo, de un asunto de suma trascendencia en una redacción.
Como dice el escritor español Miguel Pardeza, hay que deleitarse con la bagatela y utilizar lo lírico como una mixtura mágica que abrillante la realidad.
Ese gran cronista español del siglo XX que fue César González-Ruano se proponía siempre en sus trabajos captar un clima y dar una visión personal. Estaba seguro de que lo universal es lo personal. Esto es, para que un tema interese hay que partir de uno mismo.
Decía César: “Así como en la novela lo local puede ser exactamente lo universal, en el artículo o en la crónica dificulto que exista nada más general que lo personal, nada más objetivo que lo subjetivo”.
En contra de lo que mandan los capataces del oficio, lo que le ocurre al periodista puede ser lo más interesante para el lector.
© Jose Luis Alvarez Fermosel















4 comentarios:
¡Siempre escribiendo como los Dioses! Gracias por ese regalo que nos hace a quienes lo leemos. Lo escucho siempre por radio. Adrián (desde Rosario)
Adrián: Mira, ya quisiera yo escribir como los que escriben bien, no ya como los dioses, como tú dices generosa y simpáticamente en tu mensaje, que agradezco y valoro. Fuerte abrazo.
Saludos José Luís desde El Tigre. Edo. Anzoátegui. Venezuela. A parte de mi ocupación de profesión, soy músico, y desde muy pequeño he formado Trios musicales al estilo Los Panchos, soy el Requintista y el director del Trio, hace unos meses me toco acompañar a una Rondalla Canaria para la grabación de un Disco y como se que las técnicas españolas y sobre todo en España son muy delicadas, quise buscar varios interpretes para manejar la situación con naturalidad, entre tantas agrupaciones conseguí una llamada “Los Sabandeños”, según lo que pude leer tienen toda la historia del mundo cantando por generación, gracias a ellos me encuentro con una de las canciones mas hermosas… “Venecia Sin Ti”… ellos tienen la versión mas hermosa que he escuchado de esa sutileza de canción…. Dyango también le puso corazón pero con su estilo particular… lo cierto es que hoy en día es una de mis favoritas, y en eventos es clase, y elegancia no puede faltar esa canción en nuestras presentaciones, ya que hace volar la imaginación… y los que nunca hemos ido a Venecia... Gracias a esas palabras de amor del señor Charles Azanavour tenemos la oportunidad de visitarla, conocerla y descubrir la belleza y romanticismo que esa ciudad emana con sus Góndolas… canales… y su gente. Gracias por hacerle este pequeño homenaje a esa canción tan hermosa, y por medio de este Blog el que no haya tenido la oportunidad de oírla… al menos tendrá la curiosidad de buscarla y conocerle… y quien quita si la cadena continua… se convierta en una canción inmortal… un poco mas de lo que ya es… según lei es de 1924. “Escribiste una pagina en la historia musical Charles Azanavour con tu Venecia Sin Ti”… Felicitaciones que Dios te Bendiga.
José Manuel: No sabes cómo te agradezco tu mensaje, tan elogioso, tan afectuoso. Efectivamente -¡y cómo me alegra constatarlo!- quedan todavía en el mundo gente con la sensibilidad suficiente como para emocionarse con la bella y eterna melodía que yo creo que catapultó a Aznavour a las más altas cotas de la popularidad. Otra vez, un millón de gracias, un fuerte abrazo y el deseo de que algún día conozcas Venecia y escuches la canción en esa maravillosa ciudad italiana. Que Dios te bengida a ti también.
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