Para el resto de los mortales, la Noche es el cotidiano escenario del reposo, donde el justo y el trabajador encuentran su merecida recompensa en lecho. Para el poeta, la Noche no trae la ansiada tranquilidad. En su pequeño mundo hecho de sueños y fantasías, la Noche llega como una amante cómplice, silenciando al mundo con su manto de oscuridad.
Allí, envuelto en la maternal penumbra de la Noche, el poeta se sumerge en sí mismo, bebiendo con avidez la copa de su propia tribulación. Si es afortunado, las Musas de las Tinieblas se apiadarán de su pena, y el amanecer traerá un nuevo poema al mundo, una nueva desdicha transformada en arte.
Tal vez pensando en aquella esquiva Musa, Delmira Agustini nos permite entrar en su propia Noche, para ser testigos de la tortuosa agonía del poeta; a quien la oscuridad le niega todo descanso, y cuya felicidad no reside en el sueño, sino en la profunda contemplación de su propio dolor.
Allí, envuelto en la maternal penumbra de la Noche, el poeta se sumerge en sí mismo, bebiendo con avidez la copa de su propia tribulación. Si es afortunado, las Musas de las Tinieblas se apiadarán de su pena, y el amanecer traerá un nuevo poema al mundo, una nueva desdicha transformada en arte.
Tal vez pensando en aquella esquiva Musa, Delmira Agustini nos permite entrar en su propia Noche, para ser testigos de la tortuosa agonía del poeta; a quien la oscuridad le niega todo descanso, y cuya felicidad no reside en el sueño, sino en la profunda contemplación de su propio dolor.
Mi Musa Triste.
Delmira Agustini.
Delmira Agustini.
Vagos preludios. En la noche espléndida
su voz de perlas una fuente calla,
Cuelgan las brisas sus celestes pífanos
en el follaje. Las cabezas pardas
de los búhos acechan.
Las flores se abren más, como asombradas.
Los cisnes de marfil tienden los cuellos
en las lagunas pálidas.
Selene mira del azul. Las frondas
tiemblan... y todo! hasta el silencio, calla...
Es que ella pasa con su boca triste
Y el gran misterio de sus ojos de ámbar,
A través de la noche, hacia el olvido,
Como una estrella fugitiva y blanca.
Como una destronada reina exótica
de bellos gestos y palabras raras.
Horizontes violados sus ojeras
Dentro sus ojos (dos estrellas de ámbar)
Se abren cansados y húmedos y tristes
Como llagas de luz que quejaran.
Es un dolor que vive y que no espera,
Es una aurora gris que se levanta
Del gran lecho de sombras de la noche,
Cansada ya, sin esplendor, sin ansias
Y sus canciones son como hadas tristes
Alhajadas de lágrimas...
Delmira Agustini.
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