Prelude: Song of the gulls
Estoy en un bosque colorido lleno de abejitas, mariposas pintorescas, vaquitas de san antonio, grillos, hormigas y todo tipo de bichos que (de existir una corriente de pensamiento abocada a calificar bondades entomológicas) podrían encuadrarse dentro de lo que llamaríamos "bichos buenos"
También hay una vasta variedad de flores, plantas, arbustos, árboles, yuyos, cannabis, helechos, potus, chacrunas, lianas, raíces y casi la totalidad del resto de vegetales preponderantes del reino que (en caso de haber algún concepto universal decorativo, que haya sido homologado por expertos) podrían catalogarse dentro del espectro de "plantas agradables y/u ornamentales"
Por entre los exiguos espacios que dejan los árboles dejando entrever pequeñas parcelas de un cielo refulgiente y diamantino, el sol se filtra produciendo un efecto ilusorio. Son como refracciones leves de luz que asemejan una delicada lluvia de electricidad que (de conocerse estudios aprobados por las Sociedades de Científicos, Físicos y Parapsicólogos respecto a los beneficios de la energía), podría encuadrarse dentro de lo que sería "energía positiva"
Se pueden ver hadas con sus varitas mágicas rociando el lugar de brillantinas, gibrés, papeles picados, purpurinas y otros realzadores de fantasías; y duendes que (también de saberse de algún tipo de reglamentación o ley que juzgue en base a características estéticas) podríamos entonces considerarlos "duendes lindos"
Hay cascadas de aguas cristalinas que forman pequeños arroyos donde los peces de colores vívidos nadan apacibles y se puede avistar una gran variedad de aves bulliciosas cuyos plumajes engalanan la magia del lugar. También hay animalitos pastando felices y pegando saltitos de aquí para allá: ardillas, zorritos, pollitos, cervatillos y todas las demás especies de animales que (de haberse realizado cierta tipificación que haga hincapié en las virtudes de la fauna), serían clasificadas como del tipo "simpáticos".
Observo ninfas con coronas de azahares en sus cabelleras, espíritus celestes, elfos apolíneos, serafines sobrevolando la escena, y demás elementos (si fuera posible realizar algún tipo de discriminación geográfica y/o literaria), que conforman los "frutos del bosque" u "ornamentos shakespearianos – tolkienanos - perraultianos".
Entonces, cuando estoy gozando de manera magnífica de un sentimiento de sosiego y beatitud insoslayable y me siento liviana y despreocupada como un dibujito animado; mientras pasan muchas otras cosas maravillosas durante aproximadamente seis minutos —que para mí tienen la duración aproximada de la más larga película de Disney, (de la época anterior a que Pixar se excediera en cantidad de animación a maquinita)—, y estoy lo más pancha disfrutando la serenidad y belleza sublime de la naturaleza y el conjuro mágico de sus cuatro elementos, es que, de repente, veo salir de detrás de dos árboles (separados, el uno del otro, por una distancia de más o menos diez metros), a dos monstruos horrendos. Uno es Freud. El otro es Lacan.
Se acercan a mi.
Freud trae consigo un hacha y una motosierra y Lacan una caja con herramientas de todo tipo: sacacorchos, martillos, mazas sin cantera, picos de loros, sacabocados, tornos, fratachos, gubias, perforadoras, destornilladores, buscapolos, etc.
Entre los dos me desarman la cabeza, la cortan, le extraen cosas, le meten otras, ajustan, desajustan, mezclan piezas, pierden algunos tornillos y arandelas. Realizado el procedimiento se van como si nada... y no importa, porque igual todo esto que sucede no lo voy a recordar porque también me perjudican el nervio de la memoria.
archivado en: desgrabación del King Cáñamo









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