martes 27 de mayo de 2008

A soñar con Scarlett

Se puede entender que como actriz es muy buena, inspiradora, llamativa, sexy y que despierta en hombres y mujeres todo tipo de fantasías. Que siendo muy joven su imagen mezcla de una belleza especial con una inteligencia extrema le va a permitr dominar el mundo sin demasiado esfuerzo. Pero en su ambición o, pensando bien de ella, sus simples ganas de grabar un disco, con “Anywhere I Lay My Head”, Scarlett Johansson casi siempre logra aburrir.

El mayor mérito de este proyecto es que la actriz no se pone en lugar de diva ni superestrella simplemente para hacerse notar. Hay un sincero amor por las canciones de Tom Waits que homenajea en casi todo el álbum y aunque las versiones pueden no ser del todo fieles, a esta altura, luego de la cantidad y disparidad de covers y tributos que escuchamos en estos años, ya casi nos resignamos a no exigir eso. Mezcla temas propios con los del gran Waits y de la mano del productor y miembro de TV On The Radio, David Andrew Sitek, despliega una paleta de sonidos que siendo generosos se pueden calificar de ensoñadores pero que siendo realistas dan bastante sueño. Su rol como crooner de la alternatividad, alejándose del brillo hollywoodense la ayuda a generar simpatía, aunque no resultados. Los arreglos psicodélicos logran distraernos de la idea de que ella no tiene una voz que pasará a la historia y a veces uno quisiera exigirle un poco mas de riesgo. En ese contexto, las apariciones de David Bowie despabilan un poco al oyente, haciéndole creer que tal vez se trate de un sueño extraño en el que la diva mas llamativa del cine actual y el camaleónico músico se intercalan los momentos de protagonismo en canciones que los podrían llevar a cualquier parte, aunque tal vez no a la gloria musical.

"Anywhere I Lay My Head" es un buen intento colectivo liderado por una superestrella del cine que les ahorra a todos la explicación de por qué eligió ese repertorio para debutar discográficamente. También es un disco en donde la hermosa Scarlett explora en un terreno nuevo y aunque no sale ilesa, del delito de buscar nuevas experiencias, no la podemos culpar.