El siguiente poema de François Villon es, sin dudas, uno de los más bellos de la literatura francesa. Su traducción no ha sido sencilla, ya que mis conocimientos del francés son absolutamente rudimentarios. Tampoco fue simple la redacción de los apéndices al pie del poema, pero creo que el resultado final ha sido bastante digno.
Para la traducción del poema nos hemos basado tanto en el texto original, como en la brillante, aunque nada literal versión de Dante Gabriel Rossetti.
Al final del poema hemos añadido algunas notas y observaciones que tal vez le interesen al lector curioso.
Para la traducción del poema nos hemos basado tanto en el texto original, como en la brillante, aunque nada literal versión de Dante Gabriel Rossetti.
Al final del poema hemos añadido algunas notas y observaciones que tal vez le interesen al lector curioso.
La Balada de las Damas de Antaño.
Ballade des dames du temps jadis, Françoise Villon.
Ballade des dames du temps jadis, Françoise Villon.
Dime ahora ¿en qué país se oculta
la Doncella Flora, la adorable romana?
¿Dónde yace Archipíada, y dónde Tháis,
las más elegante de las damas?
¿Dónde se esconde Eco, susurrando en qué oídos?
Ella, cuya Belleza era sobrehumana,
Sé que su voz flota sobre el mar y los ríos.
¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?
¿Dónde habita Heloisa, la juiciosa monja,
por cuya causa Abelardo, según dicen,
perdió la virilidad y abrazó la causa?
(Del Amor ganó tanto dulzura como infancia)
¿Y dónde -le ruego a usted- está la Reina
que la voluntad de Buridán poseyó,
arrojando su cuerpo exánime a las aguas del Sena?
¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?
La pálida Reina Blanche, Señora de los Lirios,
que con extraña voz de sirena cantaba-
Berta la de Gran Pie, Beatriz, Alice,
y Ermengarde, que en todo Maine reinaba-
y la buena Juana, princesa desatada,
en Lorraine conocida como Buena ama,
que en Rouen quemara al inglés impío;
Virgen soberana ¿dónde yaces guardada?
¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?
No, nunca preguntes, Justo Señor,
Cuándo se han ido, ni en qué oculto
sitio se encuentran las doncellas de antaño;
salvo que cantéis el conjuro de estos versos:
¿Pero dónde está la nieve de aquellos años?
François Villon.
Sobre el Nombre.
El nombre original del poema, Ballade des dames du temps jadis, significa literalmente: La Balada de las Damas del Pasado. Rossetti, sin embargo, titula su traducción The Ballad of the dead Ladies, es decir: La Balada de las Damas Muertas. Personalmente, me gusta más el título de Rossetti, aunque imagino que a los lectores de Villon esto les parecerá poco menos que una herejía. De todos modos, siempre es preferible la efectividad sobre la elegancia, al menos esa es mi opinión, y el nombre francés del poema es todo menos efectivo.
Flora:
No se trata de la deidad itálica de las flores, sino de aquella encantadora cortesana romana citada por Juvenal.
Archipíada:
Esta dama es, posiblemente, la menos femenina de todas, ya que de hecho era hombre. Algunos creen que se trata de un error de Villon, quien habría confundido el nombre de Alcíbiades, aquel atractivo ateniense amigo de Sócrates y participante del simposio de Platón.
Se decía que Alcibíades era la imagen viva de la belleza, y la edad media asumió, naturalmente, que se trataba de una mujer.
Dante Rossetti, sin embargo, no utiliza este nombre en su versión del poema, sino que cita a Hipparchia (Hiparquia, la Cínica), quien fue una de las más fervientes filósofas cínicas de su época.
Thais:
Se trata nada menos que de la bella amante de Alejandro Magno, quien acompañó a su señor en las inhóspitas arenas de Egipto.
Eco:
Eco es una oréada, es decir, una ninfa de las montañas en la mitología griega. Según dicen los chismosos mitólogos, Zeus, que degustaba prolijamente a todas las ninfas, la cortejó durante un tiempo. Cuando la noticia llegó a oídos de la celosa Hera, la Reina del Olimpo maldijo a Eco, y le arrebató el habla, sólo permitiéndole la repetición absurda de las últimas palabras de su interlocutor; o bien como afirma Lampriere, de las últimas sílabas de una pregunta.
El destino miserable de Eco no terminó allí: el dios Pan también la correteó por los arroyos, aunque el verdadero amor de Eco fue el afeminado Narciso; amor que eventualmente terminaría en una de las más bellas tragedias de la mitología clásica, y cuya reproducción excede largamente las intenciones de este apéndice.
Heloisa y Abelardo:
Pedro Abelardo fue un renombrado filósofo de la edad media, y Heloísa fue su amante. Este amor fue dolorosamente desdichado, ya que el pobre Abelardo debió abrazar la vida monástica tras ser castrado.
La Reina que poseyó a Buridan:
No se la nombra en el poema, pero se trata de Juana de Navarra.
Buridan:
Fue un asiduo de la universidad de París durante el siglo XIV, y protagonista de una curiosa leyenda: Se decía que la reina invitaba a los mancebos a su palacio, les agasajaba con los mejores platos y con las delicias de su propio cuerpo, luego los ataba, los envolvía, y los arrojaba a las corrientes del Sena.
Buridan fue invitado a una de estas tertulias, y tras disfrutar de los placeres de la mesa y la cama de la reina, huyó descaradamente del palacio. Algunos puristas sostienen que la leyenda no tiene fundamentos, ya que Buridan tenía sólo cinco años cuando Juana de Navarra ostentaba el trono.
La Reina Blanche:
Es nada menos que Blanche de Castilla, madre de Luis IX.
Berta, Beatriz, Alice:
Son tres recurrentes heroínas de varias baladas y leyendas medievales.
Juana:
Juana, la Buena Dama de Lorraine, es Juana de Arco, quemada en 1431.
El nombre original del poema, Ballade des dames du temps jadis, significa literalmente: La Balada de las Damas del Pasado. Rossetti, sin embargo, titula su traducción The Ballad of the dead Ladies, es decir: La Balada de las Damas Muertas. Personalmente, me gusta más el título de Rossetti, aunque imagino que a los lectores de Villon esto les parecerá poco menos que una herejía. De todos modos, siempre es preferible la efectividad sobre la elegancia, al menos esa es mi opinión, y el nombre francés del poema es todo menos efectivo.
Las Damas Perdidas.
Aquí intentaremos aclarar quienes eran las damas muertas del poema.Flora:
No se trata de la deidad itálica de las flores, sino de aquella encantadora cortesana romana citada por Juvenal.
Archipíada:
Esta dama es, posiblemente, la menos femenina de todas, ya que de hecho era hombre. Algunos creen que se trata de un error de Villon, quien habría confundido el nombre de Alcíbiades, aquel atractivo ateniense amigo de Sócrates y participante del simposio de Platón.
Se decía que Alcibíades era la imagen viva de la belleza, y la edad media asumió, naturalmente, que se trataba de una mujer.
Dante Rossetti, sin embargo, no utiliza este nombre en su versión del poema, sino que cita a Hipparchia (Hiparquia, la Cínica), quien fue una de las más fervientes filósofas cínicas de su época.
Thais:
Se trata nada menos que de la bella amante de Alejandro Magno, quien acompañó a su señor en las inhóspitas arenas de Egipto.
Eco:
Eco es una oréada, es decir, una ninfa de las montañas en la mitología griega. Según dicen los chismosos mitólogos, Zeus, que degustaba prolijamente a todas las ninfas, la cortejó durante un tiempo. Cuando la noticia llegó a oídos de la celosa Hera, la Reina del Olimpo maldijo a Eco, y le arrebató el habla, sólo permitiéndole la repetición absurda de las últimas palabras de su interlocutor; o bien como afirma Lampriere, de las últimas sílabas de una pregunta.
El destino miserable de Eco no terminó allí: el dios Pan también la correteó por los arroyos, aunque el verdadero amor de Eco fue el afeminado Narciso; amor que eventualmente terminaría en una de las más bellas tragedias de la mitología clásica, y cuya reproducción excede largamente las intenciones de este apéndice.
Heloisa y Abelardo:
Pedro Abelardo fue un renombrado filósofo de la edad media, y Heloísa fue su amante. Este amor fue dolorosamente desdichado, ya que el pobre Abelardo debió abrazar la vida monástica tras ser castrado.
La Reina que poseyó a Buridan:
No se la nombra en el poema, pero se trata de Juana de Navarra.
Buridan:
Fue un asiduo de la universidad de París durante el siglo XIV, y protagonista de una curiosa leyenda: Se decía que la reina invitaba a los mancebos a su palacio, les agasajaba con los mejores platos y con las delicias de su propio cuerpo, luego los ataba, los envolvía, y los arrojaba a las corrientes del Sena.
Buridan fue invitado a una de estas tertulias, y tras disfrutar de los placeres de la mesa y la cama de la reina, huyó descaradamente del palacio. Algunos puristas sostienen que la leyenda no tiene fundamentos, ya que Buridan tenía sólo cinco años cuando Juana de Navarra ostentaba el trono.
La Reina Blanche:
Es nada menos que Blanche de Castilla, madre de Luis IX.
Berta, Beatriz, Alice:
Son tres recurrentes heroínas de varias baladas y leyendas medievales.
Juana:
Juana, la Buena Dama de Lorraine, es Juana de Arco, quemada en 1431.
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El poema de François Villon, La Balada de las Damas de Antaño, fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la reproducción de nuestra versión escríbenos a: elespejogotico@gmail.com




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