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viernes 27 de junio de 2008

Sobre las lenguas -peludas y peladas-

Mientras voy estudiando voy a ir procesando conceptos con un post así no me aburro.


Más importante que el contenido de una conversación suele ser su función social, como ocurre por ejemplo con las típicas preguntas: Hola, ¿cómo estás?, sabiendo que generalmente nos van a responder que bien aunque estén tomando antidepresivos. Otro ejemplo es el tan extendido uso del leitmotiv “clima” que sirve como excusa para comenzar a hablar con cualquier persona conocida (o no). Los sociolingüistas me convencieron de que estos usos del lenguaje, sin contenido aparente, sirven para mantener unida (o no) a la sociedad, y sino pensá por qué te molesta tanto cuando alguien no te responde el saludo en la calle, decime si no es verdad que se te calienta algo cerca del estómago y que te bulle la adrenalina cuando pasa eso... Y es que pasamos gran parte de nuestras vidas manteniendo relaciones y rituales de este tipo.
Hay que tener en cuenta que cuando éramos niños y estábamos en proceso de aprender la lengua (o lenguas) que hablamos, lo que ha ocurrido es que fuimos aprendiendo cosas acerca del mundo, cómo está organizado, cómo funciona, como cuando llorábamos y nuestros padres entendían que teníamos hambre o nos dolía algo. O como hacía yo cuando mi hermanito me peleaba que pegaba un grito: ¡Maaaamiiiiiii!!!, o ¡Paaaapiiiii!!! y sabía que a partir de ese momento comenzaba el quilombo y el problema dejaba de ser sólo mío porque alguien más venía a intervenir para resolverlo. Pensándolo bien, hoy repetimos esas estructuras mentales pegando un grito o golpeando cacerolas cuando algo nos afecta, esperando que alguien más nos solucione el problema. La paternidad y la dependencia de fuerzas mayores, son estructuras mentales que, como fractales, se repiten en todos los niveles de la vida y del universo. Así que olvídense de la libertad absoluta. Por eso creo que Borges escribió que los espejos y la cópula (o la paternidad) son abominables, porque multiplican al hombre y sus mundos... Pero esos son temas más complicados y yo no creo que sea tan abominable, sí asusta, sí complica la existencia, pero sobreviviremos...
Volviendo a las lenguas, ocurre lo contrario cuando un adulto aprende un idioma nuevo, porque éste ya viene con su concepción de mundo incluida (un combo, todo por el mismo precio) y emplea el idioma para tratar de expresar ese bagaje.
En cambio, un niño bilingüe parece estar creando una mente más abierta, más flexible, pues comprende que la relación entre las palabras y las cosas nombradas es muy arbitraria, o sea que es el producto de un capricho humano, ya que una misma cosa puede decirse de varias maneras. Así y todo, todavía se desprestigia la convivencia de lenguas aborígenes con el idioma oficial, que en mi tierra y en casi toda Latinoamérica, es el español o castellano, que tiene muchísimas variedades a pesar de la dictadura ficticia de las reales academias. Y hablo de las lenguas aborígenes porque es lo que veo más cerca, aunque hay que recordar que este desprestigio también es un fractal que se repite en todo el mundo, y los ejemplos son infinitos.
Antes de seguir escribiendo sobre los problemas de las lenguas, quiero hacer una aclaración sobre algo que aprendí hace poco gracias a mi profesora de sociolingüística, porque yo, contaminada con un discurso que está tan en boga en Sudamérica, le reclamé que la expresión “aborigen” escondía en su etimología un uso ofensivo para los pueblos originarios, y ella me corrigió diciéndome que era un falso discurso ya que “aborígen” no quiere decir “sin origen” sino “desde el origen”. De todos modos “desde el origen” me suena a concepto teológico, aunque se lo traduce como “originario”, y sólo quería aclarar que al no ser un expresión que encierre tanta negatividad o idea de ausencia como sí pensaba que lo sería “sin orígenes”, voy a seguir usando tranquila la palabra “aborígenes” para referirme étnicamente a ciertos grupos sociales que sufren muchos problemas en todo el mundo, y a los que no quisiera sumar un ataque lingüístico en su condición de minoría excluida.
A donde quiero llegar es que ser bilingüe, o plurilingüe, ya sea que la segunda lengua se trate de una lengua minoritaria o reconocida de manera prestigiosa, o cualquiera de las variantes, porque no hay mejores lenguas que otras, hace que muchas personas disfruten de su capacidad de pensar en dos o más idiomas, ya que pueden emplear su segunda lengua como si de un pensamiento lateral se tratara para resolver de manera creativa sus problemas.
Cada lengua es una forma diferente de concebir al mundo... Y con esto los dejo.

Seguiré profundizando en otros textos sobre estos temas relacionados con las lenguas y las sociedades, pero ahora no quiero extenderme demasiado...

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