Es un dicho que he repetido muchísimas veces, en tono de broma. Pero ahora me siento de esa manera. Desde el sábado estoy con un estado gripal. Desganado totalmente, he continuado con mis tareas pastorales mínimas: las Misas del sábado y del domingo fueron a media voz. Si las homilías fueron de algún provecho para alguien, es otra (de las numerosas que ya tengo) comprobación de la existencia de Espíritu Santo aprovechándose de nuestras debilidades.

Suspendí algunas actividades y a otras le tuve que poner el cuero. El lunes por la tarde, en Paraná, dimos una charla con una psicóloga a los padres de la escuela parroquial de la cual soy el Apoderado Legal. Para ese entonces la gripe se había confabulado con una irritación de la garganta que me dejó la mitad de la voz. Uno agradece la presencia de la tecnología: con un powerpoint presenté mi parte y dejé que la Fer se hiciera cargo del resto. Para colmo (no es una queja, sino la constatación de algo bueno) el salón estaba repleto y había personas paradas.

El martes, luego de la Misa matutina en el Monasterio, decidí hacerle caso a mi cuerpo: la gripe se cura con cama. A la media hora, golpes desaforados en la puerta. Primera intención, ignorarlos. Primera reacción, ante la insistencia, abrir con cara de pocos amigos. Era el pintor que venía a tomar medidas en el Templo para pasar el presupuesto… Le agradecí que me avisara que había dejado las luces prendidas del auto, le entregué el llavero, le dije que cuando terminara abriera la puerta y le dejara… y volví a mi lecho de convalecencia. No se porqué, pero ese día el teléfono sonó como nunca… y no era porque se interesaran por mi salud. Es más, se daban cuenta de mi estado al escuchar el sonido cavernoso que producían mis cuerdas vocales al atenderlos con un débil “parroquia”. A pesar de todo, ese día dormí casi ocho horas. Y a la noche, varias mas.

El miércoles fue interesante. Misa en el Monasterio a la mañana. Siesta matinal hasta el mediodía. Almuerzo (sin ganas). Y tratar de preparar las clases. Porque tenía que dar tres horas de Teología Pastoral en Paraná a las 18.00 No podía faltar porque las y los alumnos tienen un parcial con este profe el miércoles que viene… Las clases fueron cómicas… Venían de un parcial de Metafísica y se notaba que estaban todos “filtrados” (cansados para los no argentinos) de tanto darle a los libros. Ellos con una cara que daba lástima y yo con una voz cansina y la cabeza que no estaba a pleno. Gracias a Dios que el mate nos ayuda a todos a despejarnos un poquitito.

El jueves, Misa en el convento y encierro en la habitación. No acostado, pero con ganas. Y, a las tres de la tarde, otra Misa para despedir a una difunta y la disculpa de no poder acompañarlos en la procesión al cementerio para la sepultura. Luego, con el caer del sol, la cabeza se me comienza a despejar lentamente. Es más, dormí a la noche despertándome una sola vez.

Hoy, luego de la Misa Monacal, terminé con mi cursito de Comunicación Institucional en el Seminario de Paraná. Por la tarde, limpié y arreglé mi habitación. En este momento, al ver la ropa sucia en el canasto, el escritorio ordenado y la mesita de la compu libre de todo elemento ajeno a lo que se necesita sobre ella, me siento raro. O, más bien, siento que estoy bastante mejorado.

Ese Tarzán después de la gripe no tenía fuerza para nada. Lo que no he tenido en esta semana, y ho he recuperado todavía plenamente, es la lucidez mental para seguir escribiendo en el blog. Pero paciencia… ya vendrán tiempos mejores.

Ah, me miro en el espejo y veo mi cara más flaca… los pantalones me quedan volando… el cinto llegó a su último agujero… pero la balancita me dice que bajé solamente dos kilitos. ¿Alguien sabe como hacer para bajar la panza, que es donde se acumulan los 10 kilitos que tengo de más?