Robert Louis Stevenson decía que hacer una pregunta es como tirar una piedra. Arrojo, entonces, la primera que tengo a mano. ¿El manejo de la última tecnología nos hace mejores? Esta inquietud fue a causa del nacimiento de ADN Cultura. La primera impresión fue parecida a la que tuve cuando se editó Ñ. No tuvieron que pasar muchos números para darme cuenta que la fatal decisión de intentar meter todo lo posible dentro de una misma olla iba a decantar en un producto impreciso. No confío demasiado en la idea de mezclar lo popular con las manifestaciones más difusas de la llamada “vanguardia”. No suele llegar a destinos audaces. De ADN nunca tuve demasiadas expectativas. No porque no crea en el alto profesionalismo de sus periodistas, sino porque los grandes barcos tardan en girar y en acomodarse a los nuevos vientos. Sólo un capitán dispuesto a cortar de tajo las añejas amarras y preparado a los grandes riesgos, puede lograr con éxito el cambio necesario. Como ya sostuve, una montaña de críticas de libros (¿no está bien solo con una selección de comentarios?) ayuda a certificar que lo previsible se hizo realidad.
Aquí vuelvo a tomar la piedra que lancé al principio de este post: ¿El manejo de la última tecnología nos hace mejores? El interrogante en verdad surgió después de haber leído varias críticas de bloggers al lanzamiento de ADN. A mi criterio, las opiniones en contra de la publicación cultural de La Nación fueron más bien pequeños bostezos, vagas sentencias y de muy escaso contenido. Con ciertas excepciones, no me topé con análisis serios ni abiertos al debate. Fueron, sí, puro fuego de artificio.
Tal vez algún trasnochado afirme que las herramientas de un blog y las múltiples variantes que propone Internet son suficientes para construir crítica. La cohesión y el sentido que tiene un diario centenario para defender su línea editorial marcan un reto: los que proponemos ideas diferentes debemos esforzarnos más, a fin de crear –o al menos señalar- alternativas concretas que estén a la altura de nuestras conceptos. De lo contrario, el manejo de Google o los videos de You Tube pasan a tener la misma trascendencia que un cubito de azúcar y una cucharita de café.

Septiembre 14, 2007 a las 3:35 pm
[...] de por qué ya poco me interesan los suplementos literarios (más allá de un repentino post sobre el asunto). Como dije, los leo cada tanto para saber en qué andan, quiénes firman, qué libros reseñan, [...]