Una obra sobre lo siniestro de lo cotidiano

Gervasio Monchietti


por Gervasio Monchietti
gervasiomonchietti@yahoo.com.ar


Entrevista a Tato Pavlovsky

Estrena Sólo bruma en el mes de julio en Buenos Aires con dirección de Norman Brisky. Es uno de los dramaturgos más importantes de la Argentina. El conflicto por las retenciones, la influencia de Deleuze; la relación entre ficción y realidad; forman el itinerario de una entrevista con Eduardo “Tato” Pavlvosky.


¿En qué momento decide empezar a utilizar el teatro como modo de expresión?

Creo en el ‘57 cuando vi “Esperando a Godot”, fue un descubrimiento no teatral sino existencial para mí porque ese autor, Samuel Beckett, me plantea un problema muy fuerte, me plantea la profesión, me plantea la angustia, la vida, la muerte, el deterioro. No sé si no es la obra del siglo. Yo era muy joven y ahí fue donde empecé a tomar contacto con el teatro y a estudiar con Asquini Boero.

¿Cómo cree que lo modifica la lectura de la filosofía de Gilles Deleuze, a la hora hacer teatro en los últimos años?

Es muy difícil saberlo porque yo he elegido una forma de teatro y después lo he leído teóricamente. Por ejemplo La caída de la representación, se refería a un teatro de estados, los personajes no están definidos por una singularidad, un contorno, sino que tienen muchos devenires. Esto corresponde a la filosofía de Deleuze, la posibilidad de los devenires que uno tiene y va creando acontecimientos, tal vez todo mi teatro está impregnado.

La literatura norte- americana me resulta muy afín a la manera de concebir el teatro, más que la Europea.

Cuando murió Deleuze yo hacía psicoterapia en grupo de niños, y decía “he sido deleuziano sin saberlo”; yo planteaba una metodología de grupo que no era la común, lúdica, más abierta, que correspondía no a la mirada individual de cada chico, sino a la figura que creaba, con un nuevo tipo de individuación. Es una mezcla, hago transitar cada personaje mío por muchos devenires existenciales, en ese sentido podría decir que la influencia de Deleuze es importante en la producción actoral, autoral y de médico.

¿Qué cosas de la cotidianeidad le permiten fluir y cuáles le disminuyen la potencilidad?

Soy bastante lector de muchas cosas, preocupado por muchos temas que superan lo teatral y van de lo teatral a lo político. Me parece que siempre estoy buscando la pasión, los afectos alegres, la acción, en detrimento de la resignación, las pasiones tristes, tomando una concepción spinoziana ¿no? Lo que me hace vivir a mí es mi próxima obra Solo bruma, que se estrena el cuatro de julio en el Centro Cultural de la Cooperación. Para mí es vida, es decir, tengo la misma ansiedad que cuando estrené La espera trágica. Eso me parece es el intento del desafío de seguir con la pasión, con el devenir, de seguir siendo joven ya siendo viejo.

De la literatura actual ¿qué autores relee o recomienda?

Hay un húngaro que me ha impresionado muchísimo es (Sandor) Marai, por supuesto Borges, también me gustan muchos los norteamericanos, además de los argentinos, la literatura norteamericana más que la francesa. Philip Roth, Paul Auster, y varios autores argentinos que tienen que ver con la vanguardia fuerte, con un compromiso. Lo último que leí es un autor norteamericano que me impresionó mucho porque leí tres títulos seguidos: Mac Carthy. La literatura norteamericana me resulta muy afín a veces a la manera de concebir el teatro, más que la Europea.

Bueno, vivo de mi profesión, trabajo, leo, ensayo, camino, tengo una edad en que cada estreno se vuelve más difícil sobretodo ocupar no el lugar de autor sino de actor, pero son esos estímulos intelectuales los que permiten que uno cobre la rigurosidad necesaria para estar metido a fondo con Norman Brisky, que dirije la obra, y no sabemos si nos vamos a equivocar o no, porque es una obra muy fuerte sobretodo para este momento. A mí se me ocurrió un lugar siniestro, muchas veces me ha pasado como con El señor Galíndez.

¿Cuál es el eje de Sólo bruma?

Prefiero lo que llaman las dictaduras de Chávez, de Castro, Evo Morales, Correa. Los veo más dirigidos hacia la pobreza y la indigencia, seamos todos un poco más pobres, pero que todos podamos tener recursos para alimentarnos.

Son empleados municipales que se dedican a cremar chicos que son seleccionados, algunos quedan vivos, otros muertos, pero la cuestión es la estadística. Ellos se ocupan de cremarlos, es la única tarea que tienen, viven de eso, de ser empleados de la destrucción. Lo que más me llama la atención es que hace poco leí en el diario Crítica que en la provincia de Tucumán hay un Hospital donde a los chicos con menos de seiscientos gramos -con signos vitales- los dejaban en la loza para que murieran, es decir, lo que yo imaginé como cosa terrorífica…

La gente se olvida –en esta lucha campo contra ciudad, parece- que hay millones que han perdido la voz, padres que ya ni siquiera protestan, que viven en la indigencia total. De eso se trata la obra, de recordar un poco al otro sector, al que no está, al que no existe. Los ochocientos millones de habitantes que tiene la India, y que no existen, sin embargo se habla de la India como país floreciente.

Creo que en esta acalorada discusión de las retenciones uno tendría que tener muy claro qué hay que hacer las retenciones, pero ¿adónde va el dinero? ¿Va a los hospitales, a la Quiaca, a esos grandes basureros como el de León Suárez donde las familias van normalmente a comer y la gente ni está protestando? Ha interiorizado como obvio ese lugar en el mundo, esa resignación a no tener los recursos humanos necesarios para vivir como la alimentación, la educación, la salud. Creo que hay un descuido muy grande del Gobierno hacia este sector, así como están tan atentos y “progresistas” frente a otros problemas, no lo están frente al tremendo deterioro de un sector de la población; de eso se trata mi última obra: lo siniestro de lo cotidiano.

¿Ve el conflicto actual como algo circular, o piensa que puede haber una maduración progresiva en donde se supere la dicotomía?

Hay una cosa del argentino en general, para hablar de esto hay que tener un alto nivel de información, por lo que estoy viendo en la Cámara creo que no hay un progreso en la discusión. Yo no estoy con el agro, a mí me parece que tiene que haber retenciones, pero lo que no estoy tampoco es en la desinformación de adónde va el dinero. ¿Va a los intendentes, a los gobernadores buenos, a los amigos? Eso no estoy seguro, es lo que yo desconfío de éste gobierno, qué hacemos con 50.000 millones de dólares si hay argentinos que se está muriendo de hambre.

Naturalmente se ha ganado mucha plata en el agro, y es necesario colaborar para la redistribución, no quiero hablar de redistribución como si uno lo supiera, no creo en las democracias parlamentarias, creo en las democracias delegativas, que mil personas pudieran saber, por ejemplo, dónde va el dinero de las retenciones. Tengo la impresión que si bien hay una efervescencia por creer en este gobierno, prefiero lo que llaman las dictaduras de Chávez, de Castro, Evo Morales, Correa. Los veo más dirigidos hacia la pobreza y la indigencia, seamos todos un poco más pobres, pero que todos podamos tener recursos para poder alimentarnos, ir a la escuela, no tomar como obvio cada chico que muera de hambre. Veintisiete chicos se mueren por día en Argentina por causas evitables y hay diez millones de personas que en la familia tienen setecientos pesos por mes.

No pongamos las cosas como buenos y malos, la gente está enfervorizada por la lucha, pero tendría que haber una verdadera justicia social, que permitiera que todos los niños pudieran estudiar bien, eso es prioridad, es fundamental, se podrá discutir a Castro hasta donde quiera, que tiene bigotes, que es malo, que puso preso… Pero usted no ve indigencia en Cuba, todos los chicos pueden ser universitarios, y yo creo que es fundamental para nuestro país. Todavía no he oído hablar a la Presidenta de la palabra indigencia, eso es lo que me preocupa, se infiltra en mi vida, en mis conversaciones y como dramaturgo o en las obras políticas.

Yo no estoy con el agro, a mí me parece que tiene que haber retenciones, pero adónde va el dinero.

Me da la impresión que al igual que con La espera trágica -mi primera obra de teatro- muy influida por el teatro europeo de vanguardia, se me filtra el conocimiento de que somos latinoamericanos, y aquellos que hemos recibido las proteínas suficientes para comer, tenemos la obligación en la cultura de hablar, de pronunciarnos. Esto es lo que mantiene con ganas de vivir: la discusión, la pelea, el enfrentamiento, la lucha es el teatro también.

¿Qué ocurre en el autor cuando la realidad se acerca tanto y se empalma con lo que se creía ficción?

Voy a dar un ejemplo: fue lo que pasó en (El señor) Galíndez, obra anterior a la dictadura, allí decíamos que la tortura era una institución, que los torturadores eran simples eslabones de una cadena donde las órdenes provenían de una institución, pero hacía surgir en mi obra otro tipo de torturador, que iba a desplazar a toda la mano de obra barata, al torturador sin formación ideológica, que es el último que aparece – se llama Eduardo – es el que ha leído los libros del señor Galíndez. De alguna manera, esa obra del ’72 se ha adelantado a lo que iba a venir después, el último torturador -es un poco Astiz- y esta obra que dice “lucharemos por una patria mejor, hay que sacar a los enemigos de acá, hay que destruirlos, hay que matarlos”, es la ultima escena de la obra. Cuando uno la ve pareciera que se adelanta.

Después la tortura se sistematizó como formación, a los jóvenes de la armada, de la aviación, del ejército, como una cosa de destrucción del enemigo y obvia. Es una institución que forma gente donde la tortura, la violencia y el rapto son normales, son sintónicos con la institución, y entonces fíjese que los grandes once torturadores griegos, chicos, jóvenes, habían destruido tanto con la tortura que les hicieron un examen psicológico, pero eran normales, sólo que todos decían haber recibido una formación ideológica de un año y medio. Quienes han pasado por esa experiencia dicen que lo horrible del torturador es que es un ser parecido a nosotros, es decir que no hay una patología, sino que en determinado momento fueron empleados de escritorio, y esto es bastante terrible.

Hasta el momento no está confirmado el estreno de “Sólo Bruma” en Rosario durante el 2008, pero Pavlovsky aclara que vendrá a la ciudad: “me gustan las rosarinas”, confiesa.

9 Responses to “Una obra sobre lo siniestro de lo cotidiano”

  1. Don Isidro Parodi Says:

    “Prefiero lo que llaman las dictaduras de Chávez, de Castro, Evo Morales, Correa. Los veo más dirigidos hacia la pobreza y la indigencia, seamos todos un poco más pobres, pero que todos podamos tener recursos para alimentarnos”.

    Yo no estoy de acuerdo, si están dirigidas a la pobreza y a la indigencia, ¿por qué sigue habiendo la misma cantidad de pobres? En Cuba también hay pobreza, es cierto que muchos más estudian , pero si el país no puede crecer porque no tiene con qué ¿para qué sirve que todos sean universitarios? Es cierto que hay menor indice de mortalidad infantil. También es cierto que mcuhos cubanos mueren tratando de escapar de la isla. El día que vendieron computadoras y celulares salieron todos a comprar hasta con lo que no tenían.

    Digo yo, ¿no podemos salir de la pobreza con otro modelo? un modelo donde todos cada vez podamos estar mejor. Pienso en los pueblos que después de la guerra se levantaron y hoy son potencia.

    Yo creo que es una cuestión de mentalidad, los latinos somos así. Teóricos de lo inaplicable. Creo que no hay que buscar soluciones mágicas y pensar un país a cien años.

    Saludos.

  2. Hablando del asunto 2.0 » Blog Archive » Ejercicios del oído Says:

    [...] Una obra sobre lo siniestro de lo cotidiano: entrevista a Tato Pavlovsky [...]

  3. doña rosa Says:

    Isidoro mire que le juro que yo creo que Marx no era latino, ni groucho ni el otro, fijese no sé. Pero casi que estoy segura

  4. Don Isidro Parodi Says:

    doña Rosa: Mao tampoco, ni Lenin, ni Stalin, pero Marx fue un teórico, y muy valioso, pero hay que entenderlo. El error fue de los que adoptaron cierta doctrina dictatorial e impracticable al querer imponerlo. Hay un equilibrio, Zapatero, por ejemplo, es social demócrata. ¿Entiende a lo que me refiero?

  5. doña rosa Says:

    Entonces Isidoro a Ud le gusta la izquierda pero imoprtada de Europa. Puede ser? Quiere un mate o prefiere un earl grey?

  6. Don Isidro Parodi Says:

    No, doña rosa, por ahí no iba la cosa. Quise decir que una cosa es la teoría y otra la práctica, en la práctica aparecen otros factores. Yo me considero de centro, y rescato ciertas ideas de la izquierda y de la derecha, creo en la igualdad de oportunidades, no en una igualdad impuesta y sin libertades, que no es lo mismo aunque se confunda. De todos modos no estoy de acuerdo con el comunismo en ningún lado, que ya casi no existe. Creo en la democracia, con todos los errores que tiene la nuestra, pero es la única forma de construir ( a mi entender).
    Fíjese igual la diferencia entre URSS, China, etc y latinoamérica. A pesar del régimen tenían una visión de país a largo plazo. Por eso Rusia hoy sigue siendo potencia, y China, bueh, ya mandó gente al espacio, no, son distintos, otra mentalidad. Yo lo que critico es no tener ideas realizables.

    Creo que hay que pensar un país a cincuenta años, como mínimo. Pero ya me cansé de tanto discurso. Páseme un mate.

  7. doña rosa Says:

    Le paso mate, con azúcar o amargo? Pero sabe que pasa: no entiendo a los de centro. No los entiendo, mire que intento eh, pero les desconfio, que quiere que le diga. Ah, y otra cosa que no entiendo es la gente que dice “otra mentalidad”. No lo entiendo. Pero bueh..el agua está caliente, le paso uno amargo.

  8. Don Isidro Parodi Says:

    Gracias por el mate, así me gusta, caliente y amargo, ¿por qué dice que no entiende a los del centro? En mi caso, me considero del centro porque no comparto toda la ideología de la derecha ni toda la de la izquierda. Ambas facciones, en sus versiones puras, son demasiado autoritarias para mi gusto, y creo que todos debemos darnos el beneficio de la duda. No sé, ninguno me convence, creo que los extremos ideológicos no nos han dejado nada bueno. Soy más pragmático, creo que la mejor idea es aquella que se puede llevar a la práctica.

    Con respecto a la otra mentalidad, está un poco ligada a la cultura. No me va a negar que los orientales tienen una filosofía de vida muy distinta a la nuestra. Ejemplo, la huelga en Japón es sobreproducir, dígame si eso no es otra mentalidad.

    Si quiere puedo convidarle un biscochito.

  9. Señorita julia Says:

    Don Isidroro y Doña rosa me hiceron reir! especialmente con el mate y los biscochos…est bueno el intercambio…

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