Cuando
pienso en la amistad me surgen sentimientos similares a los del amor.
Con la diferencia de que en temas de amistad hay personas que son menos
exigentes que en el amor, no filtran a las personas que llegan a su
lado, permiten amistades interesadas y dejan pasar muchas más cosas de
las que se dejarían pasar en una pareja.
Mi
camino por los lazos de la amistad ha sido siempre complicado, haciendo
mea culpa seguramente debo decir que debe ser por mi personalidad:
autosuficiente, sin medias tintas y frontal no espero menos de la otra
persona, aunque debo admitir que he sucumbido en varias oportunidades a
las medias tintas, sintiendo luego la puntada de quien no ha sido fiel
a sí mismo.
Dentro
de mis pocas amistades debo destacar sus fuentes -en una opinión
subjetiva y muy personal-: una surgida del perdón y otra nacida del
enamoramiento. Sí, porque ese amigo del alma también nos provoca
síntomas parecidos al enamoramiento. Es cuando encontramos al alma
gemela de la amistad, esa otra persona con la que las horas se nos
pasan volando, una tras otra, charlando en un café, hasta que ya no hay
bebida que frenen tantas palabras y confesiones. Puede ser que no lo
veas por meses y de pronto cuando estás con él el tiempo no ha pasado.
Con él te olvidas de la edad, las vergüenzas y las fantasías
inconfesables. Estás seguro porque tus secretos son los secretos de él.
Es el
amigo al que llamas desesperado por teléfono a horas insospechadas y
con sólo escuchar su voz sientes la calma aunque estés a kilómetros de
distancia.
Es del
que recibes ese mensaje corto que sólo pregunta cómo estás, a quien le
escuchas sus fobias, miedos, dudas, a quien admiras.
En cuanto al perdón, no hay gesto más hermoso que un amigo tuyo te perdone tus más inconfesables bajezas.
La
amistad nos recuerda que no somos autosuficientes ni perfectos, nos
hace un llamado de atención a la reciprocidad, y sucumbimos a la magia
de la afinidad.
No sé
con cuántos amigos llegaré a mi vejez -ninguna cifra que supere los
dedos de mi mano izquierda-, si se cumplirá mi fantasía de jugar cartas
los viernes a la noche recordando viejos amores, si vendrá alguna de
visita para cuidarme si tengo penas del alma, o si sólo me quedaré con
un puñado de cartas amarillentas.
Hoy
brindo por quienes tienen un puñado selecto de amigos, con quienes se
muestran tal como son, porque de eso se trata la amistad, es estar como
en casa.
Oliver: espero que te hayas hecho de unos minutos para esos amigos. Saludos y gracias por pasar, sabés que siempre te leo aunque no siempre te comente. Un beso
Este espacio nació en marzo del 2007, y se ha ido transformando bastante, imposible decirles hacia dónde me dirijo! Soy mujer. Nunca estaré segura de si nací perro o me convertí en él, pero todo se transforma. Espero dejen huellas en mi blog