El poema de hoy es una extraña mezcla entre los poemas fúnebres del romanticismo y las viejas elegías de la edad media. El autor de esta fascinante quimera es Edward Herbert, primer barón de Cherbury.Su poema aún se halla ligado a la tradición medieval, especialmente a la rama anglosajona. Su Elegía sobre la tumba es heredera de aquellos maravillosos cantos de los poetas de las islas, aunque durante la vida del autor este género ya había perdido mucha popularidad.
Otra de las particularidades del poema es su vínculo con el futuro, es decir con lo que luego se llamaría el Período romántico, donde era habitual que los poetas derramasen todo tipo de consideraciones sobre sus desgracias, siendo el lamento elaborado la esencia misma de sus poemas.
Ahora bien, la suma de estos detalles no son una descripción acabada del poema, ya que su tono no termina de ajustarse a ningún género en particular. En lo personal, considero que esta elegía tardía es menos trágica que sus ancestrales hermanas, pero mucho más delicada y sugerente.
Entonces debo ver a la Eterna Noche
Sentado sobre aquellos ojos encantadores,
Cerrando suavemente sus resplandores,
Que una vez se alzaron en fulgor radiante,
Y cuyos soles supieron probar la existencia
Del Conocimiento y del Amor?
Oh, si usted no desea permanecer
En este plano bajo y terrenal,
Eligiendo aquella plena herencia inmortal;
Al menos decídnos, se lo rogamos;
Dónde están todas las Bellezas,
Hoy coronadas de cenizas,
Que un día fueron concedidas.
¿Ha renovado el sol con vuestros ojos su resplandor?
¿Las olas han trenzado vuestro cabello con nuevo color?
¿Ha restaurado usted, junto al cielo y el aire,
El rojo, el blanco, y el azul?
¿Ha sido usted, con magnífica elegancia,
Quién ha vestido a las rosas con su fragancia?
¿Se han retirado las luces del cielo a sus nichos,
O bien reposan en vuestro privado lecho?
¿El cielo y el aire no deben conspirar,
Y en sus altas bóvedas llorar?
¿Todas las rosas que de la tierra pueden brotar,
Habrán de ser sólo hierbas muertas en el trigal?
¿No cederemos a ninguna causa
Mientras otros ahogan sus lamentos?
Ha cambiado el curso de nuestros ancestros,
Y sus leyes yacen bajo el agua.
Tus Bellezas no han podido revivirlos,
Ni arrancarlos del páramo del olvido.
Decídnos, pues los oráculos aún deben ascender
Por aquellos que se agitan en sus tumbas,
Decídnos en dónde se encuentran las bellezas,
Y cuáles son sus intenciones;
Decídnos aquello que nuestra pena calla
Y nuestra esperanza alivia.
Más Poemas Góticos. I Poemas medievales. I Poemas Fúnebres. I Poemas Tristes.
Otra de las particularidades del poema es su vínculo con el futuro, es decir con lo que luego se llamaría el Período romántico, donde era habitual que los poetas derramasen todo tipo de consideraciones sobre sus desgracias, siendo el lamento elaborado la esencia misma de sus poemas.
Ahora bien, la suma de estos detalles no son una descripción acabada del poema, ya que su tono no termina de ajustarse a ningún género en particular. En lo personal, considero que esta elegía tardía es menos trágica que sus ancestrales hermanas, pero mucho más delicada y sugerente.
Elegía sobre la Tumba.
Elegy over a tomb, Edward Herbert of Cherbury.
Elegy over a tomb, Edward Herbert of Cherbury.
Entonces debo ver a la Eterna Noche
Sentado sobre aquellos ojos encantadores,
Cerrando suavemente sus resplandores,
Que una vez se alzaron en fulgor radiante,
Y cuyos soles supieron probar la existencia
Del Conocimiento y del Amor?
Oh, si usted no desea permanecer
En este plano bajo y terrenal,
Eligiendo aquella plena herencia inmortal;
Al menos decídnos, se lo rogamos;
Dónde están todas las Bellezas,
Hoy coronadas de cenizas,
Que un día fueron concedidas.
¿Ha renovado el sol con vuestros ojos su resplandor?
¿Las olas han trenzado vuestro cabello con nuevo color?
¿Ha restaurado usted, junto al cielo y el aire,
El rojo, el blanco, y el azul?
¿Ha sido usted, con magnífica elegancia,
Quién ha vestido a las rosas con su fragancia?
¿Se han retirado las luces del cielo a sus nichos,
O bien reposan en vuestro privado lecho?
¿El cielo y el aire no deben conspirar,
Y en sus altas bóvedas llorar?
¿Todas las rosas que de la tierra pueden brotar,
Habrán de ser sólo hierbas muertas en el trigal?
¿No cederemos a ninguna causa
Mientras otros ahogan sus lamentos?
Ha cambiado el curso de nuestros ancestros,
Y sus leyes yacen bajo el agua.
Tus Bellezas no han podido revivirlos,
Ni arrancarlos del páramo del olvido.
Decídnos, pues los oráculos aún deben ascender
Por aquellos que se agitan en sus tumbas,
Decídnos en dónde se encuentran las bellezas,
Y cuáles son sus intenciones;
Decídnos aquello que nuestra pena calla
Y nuestra esperanza alivia.
Edward Herbert of Cherbury.
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El poema de Edward Herbert of Cherbury, Elegy over a tomb, fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la reproducción de nuestra versión escríbenos a elespejogotico@gmail.com




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