Héroes de comic, héroes de cine

María Agustina Melchiori


por María Agustina Melchiori
mariagus.melchiori@gmail.com


En el principio fue Superman. Bueno, no exactamente; pero casi. El Hombre de Acero, creado por Joe Shuster y Jerry Siegel hacia 1940, capturó de inmediato la atención de los nacientes medios audiovisuales, llegando a la televisión en 1940 (primero como serie animada) y al cine en formato largometraje con Christopher Reeve. Casi se podría decir que fue el ejemplo a seguir o a combatir para todos los superhéroes, antihéroes o perturbados de doble identidad que poblaron la pantalla grande casi desde sus inicios, hasta el día de hoy.

El Zorro

Antes de Superman, otro héroe más terrenal había nacido en las páginas de All Story Weekly, pasado por la gran pantalla para reinventarse una y otra vez en las páginas de los tebeos, más películas, una archipopular serie televisiva y nuevamente el cine. Si bien su popularidad no explotó inmediatamente en el mundo gráfico, hay quienes encuentran sugestivas semejanzas entre El Zorro (alter ego del terrateniente californiano don Diego de la Vega) y otro justiciero enmascarado que lentamente ascendió desde las páginas de una humilde publicación del sello DC Comics hasta convertirse en otro ícono cinematográfico, que ya lleva no menos de cuatro reinterpretaciones en el cine.

Se trata de Batman, que al igual que El Zorro persigue propósitos de justicia en medio de una sociedad corrupta. Los paralelismos entre California y Gotham City, las dos ciudades con sistemas económicos perversos, paradigmas de una modernidad contemporánea a la creación de la historia, se extienden a otros personajes y escenarios, definiendo un nuevo subgénero: el justiciero enmascarado, sea que pueda despojarse de esa identidad a voluntad (SpiderMan) o no (The Spirit).

Con el lento desplazamiento de las revistas Pulp, DC Comics y posteriormente Marvel Comics se instalaban como una industria multitarget, donde cualquier persona corriente, desde un niño hasta un adulto, podía abandonar por un momento este universo para sumergirse en las peripecias de otras personas igualmente corrientes, con vidas paralelas heroicas.

Con semejante atractivo, no es de extrañar que el cine haya descubierto una veta en la repetición de estructura, progresión dramática y psicología de personajes (más o menos profunda) que parió el comic como género. Más en los últimos tiempos, donde los avances en materia de animación computarizada permiten una versatilidad que simplifica la adaptación, a costa de inversiones millonarias, por supuesto. Consiguiendo que el mundo alternativo plasmado en el papel tenga una dimensión algo más verosímil, de una “realidad alternativa” que tiene cada vez más puntos de contacto con La Realidad a la que versiona.

Pero el interés del comic como fuente de inspiración para estudios con gran capacidad de inversión no se agota en la estructura de novedad (que no siempre es tal). Pasados a mesa de edición prácticamente todos los personajes clásicos, los estudios están atentos a la aparición de nuevos fenómenos de masas o comics de culto.

Hellboy

A fines de los ‘90 y alentada por la tendencia, una revista del circuito comiquero, la Wizard si mal no recuerdo, especulaba con los elencos de las posibles adaptaciones de aventuras y novelas gráficas que vendrían. Si bien muchas de estas pretensiones de fanáticos no se materializaron, sí lo hicieron las profetizadas producciones. IronMan, X-Men (Marvel Comics), Hellboy (Dark Horse Comics) y más recientemente Watchmen (DC Comics) son algunos de los títulos que van llegando a las pantallas, convirtiéndose en franquicias y generando una suerte de trasposición circular: por cada adaptación, los estudios promueven el lanzamiento de un comic-basado-en-la-película, que los coleccionistas (aún los disconformes con los resultados de la adaptación al cine) tienden a agotar sobre todo en los Estados Unidos, cuna y principal mercado del formato aunque no sea excluyente, como veremos más adelante.

Sin embargo, hay papas calientes que todavía nadie se atreve a tocar. Sandman, una creación de Neil Gaiman para Vertigo Comics es uno de estos bastiones, y si bien este autor es actualmente muy requerido por algunos estudios (sus novelas Stardust y Coraline, con menos de un año de diferencia, son muestras significativas) todavía no hay productor que encare esta historia de culto. La variable “negocios” aún es un condicionante fuerte y el argumento más atractivo puede no resistir el filtro de un equipo de producción ansioso de meter mano con imposiciones de elenco, locaciones y tramas alternativas.

Allí están Elektra y Gatúbela para probarlo.

2 Responses to “Héroes de comic, héroes de cine”

  1. Rufián Melancólico Says:

    No creo que tengan las agallas de hacer spin-offs de Watchmen. Serían demasiado boludos…

  2. Cass Says:

    Rufián: Nunca subestimes el poder del dineRRo

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