28.9.07

Y ahora ¿quién podrá defendernos? I/ de varias

Desde hace más de cincuenta días la ciudad de Rosario se encuentra desabastecida de los productos lácteos de la marca La Serenísima.

Este hecho se debe a la medida de fuerza adoptada por los repositores locales de la compañía láctea Mastellone quienes se encuentran dentro del convenio colectivo de Empleados de Comercio y desean cambiarse al de A.T.I.L.R.A – Asociación de trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina - y se encuentran con la negativa de la firma para efectuar el traspaso.

Una Carta de lectores del diario La Capital publicada el 18/09/2007, deja entrever algunos aspectos comunicacionales.

El primero referido al contenido publicitario de los productos La Serenísima que intentan hacerles creer a los niños que si consumen sus productos gozarán de mayor altura – a todo esto como si la altura de una persona fuera lo más importante en su vida ;) – como así también a las mujeres que sufren constipación que consumiendo otro de sus productos mejorarán sus situación gastrointestinal y así podemos continuar con cientos de – digámoslo de una vez – patrañas más.

El engaño no es la única cuestión ética del contenido publicitario. Hay también una vinculación entre la publicidad de alimentos con el discurso científico. Con esos argumentos presuntamente objetivos, de los que se vale, sin olvidar que detrás del discurso científico hay toda una ideología.

Asimismo, ya que se nombra a la objetividad, son famosas las publicidades de La Serenísima en las que se monta una especie de "reality" en el que llega Pancho Ibáñez a la casa de cualquier mujer para que haga la prueba “Actimel”, lo cual sinceramente no da más que para la burla.

El 1º de Julio la Unión Europea puso en vigencia un nuevo reglamento establece las reglas que deberán seguirse por parte de la industria alimentaria para poder decir que un alimento contiene determinadas propiedades saludables -lo que se conoce como «alegación» o «declaración». Concretamente, la norma obligará a los empresarios que vendan con reclamos nutricionales tales como Light, «bajo en grasa o calorías, sal o azúcar» o «rico en vitaminas, fibra o proteínas», a que «demuestren con pruebas científicas» que sus productos poseen la sustancia beneficiosa prometida en cantidades suficientes para producir los efectos deseados y que efectivamente el alimento genera en el consumidor estos beneficios.

Asimismo, los productores que aseguren en publicidad y etiquetas que sus alimentos poseen «propiedades que mejoran la salud» de quienes los consumen deberán demostrar según el caso, que son realmente «buenos para las defensas del organismo, ayudan a reforzar nuestra salud o que reducen los niveles de colesterol».

El objetivo básico es proteger el derecho de los consumidores a recibir una información veraz sobre los alimentos que adquieren, aumentando su protección frente a informaciones confusas, exageradas o engañosas. Con este mismo objetivo, se prohíbe que un alimento pueda promocionarse como poseedor de propiedades terapéuticas o curativas y se establecen igualmente restricciones muy rigurosas en lo referente a productos destinados al público infantil.

Volviendo a la situación de los productos La serenísima en Rosario, y más allá de que el contenido publicitario sea éticamente correcto o no, lo cual no es una cuestión menor, la mencionada carta de lectores deja en claro cómo el dinero invertido en publicidad se vuelve en contra cuando la Política de comunicaciones de una empresa no es acompañada por un Política justa con sus empleados. A la vez que deja entrever algunas cuestiones de comunicación interna.

Carta de Lectores de La Capital -18/09/2007-

Discriminada por La Serenísima Soy (o era) una usuaria de algunos productos La Serenísima y como rosarina me siento discriminada. Vean por qué: 1) los chicos rosarinos tendrán una estatura menor que los de nuestros compatriotas. 2) Nuestro sistema inmunológico estará deprimido. 3) Muchas rosarinas no podrán hacer sus necesidades con la frecuencia que desean. 4) Los niños/as de Rosario no podrán tener el placer de "tener un sapo en la barriga". 5) Los que comemos el quesito untable no podremos flotar por el comedor con nuestra familia. 6) No podremos dormir, preocupados por el hecho de que la leche que tomamos ahora tenga o no la suficiente caseína. Pero a no preocuparse. A lo mejor descubrimos que no va a pasar nada de eso y Rosario, además de ser la cuna de la bandera, podría convertirse en un polo de turismo científico. ¿Qué pediatra o gastroenterólogo podría resistirse a venir a investigar este fenómeno? Por último, les cuento que en la era de las comunicaciones y de las relaciones públicas, cuando llamé a mi costo al número que la empresa pone en sus productos, la telefonista (hiperespecializada como corresponde) sólo me podía contestar sobre nutrición, porque ignoraba absolutamente que en Rosario ya hacía mucho que no teníamos el producto. Estoy esperando que alguno de los directores, dueños o quien sea, por lo menos publique alguna cosita disculpándose por las molestias que están causando a sus clientes.

Mirta Rosenfeld,

1 comentarios:

Viki Aguilera dijo...

Muy bueno ceci! no estaba muy al tanto del conflicto con La serenísima, pero algo de intuición comunicacional ya me había dicho que me pase a Ilolay !!
saludos!!