
Que descanse en paz... River se hunde cada día más. No sólo por haber perdido por primera vez en la historia contra San Martín de Tucumán ni por protagonizar el peor arranque en un torneo corto desde el 2003. Tiene vicios mayores. Como haberse despedido del Clausura en apenas siete fechas tras haber enterrado los últimos restos del equipo campeón del Clausura.
A cuatro días del estreno de la Sudamericana, Simeone deberá ser preciso en la autopsia post caída si no quiere ser recurrente en los tropiezos.River visitó Tucumán y le bajaron la caña. Hoy está sumido en la oscuridad. Sucumbió ante su falta de memoria y sólo quedan jirones de lo que supo ser no hace tantos meses. Perdió el atrevimiento y ganó en confusión e histeria (¿reflejo de la hiperquinesia de su DT?) cuando la premisa era recuperar la pausa y evitar choques por exceso de velocidad. Entonces, cuando Buonanotte no es Súper Hijitus ,a Ojeda le falla el GPS en una salida, la defensa sufre (y hace noni noni en las segundas jugadas) con la Fuerza Aérea de San Martín y el virus Abreu surte un efecto contagio en Salcedo, River termina magullado y mirando un horizonte inhóspito.
Perdió contra la Cenicienta del campeonato, aunque el cuento ayer alteró su guión: San Martín empezó viajando en calabaza, se repuso a un 0-1 y cerró la tarde en carroza. El ingreso de Bruno, otro Enzo que amargó a Simeone, lo cambió todo. El Santo se despabiló. No necesitó estrellas para bancar su búsqueda. Confió en Monge, buque insignia del equipo desde su llegada para participar en la Liga tucumana. Creyó en Leone y en Noce, hombres de la B Nacional. Y se sostuvo en Ibáñez, en el club desde el Argentino B. Sin exquisiteces, el conjunto de Roldán se convirtió en un rival de altísimo riesgo. Con el 1-1 (gran mérito de Turdó para salir del área y concebir el centro a Patricio Pérez, escena previa al rebote en el palo y al toque oportuno del Ratón Ibañez), se puso un nuevo traje. Guapeó a River y se aventuró a desafiar las impurezas del team del Cholo. Daniel Vega se coló en el área de River y antes de que sonara el despertador de Ojeda, defendió el invicto de 22 partidos (ahora 23) de local de su equipo y puso al invitado de lujo de rodillas ante el tribunal. No necesitó ametrallar a River para que la victoria se materializara. Le bastó con aprovechar la desesperación del Millonario, su agobio, las imprecisiones en cadena y el mareo que genera un sistema que cambia de colores como el camaleón. En el Día de la Primavera, sólo floreció una nueva derrota. Es más: hasta ayer, Simeone nunca había perdido contra un recién ascendido (karma que acompañó a Passarella en toda su última etapa).San Martín, apoyado en Ibañez, prefirió ser cabeza de ratón. El conjunto del Cholo, en cambio, aún no dejó de ser cola de león. Sepultó las últimas chances de creer que el milagro de sobrevivir en el Apertura era posible. En su lápida en la Ciudadela se lo recordará con la siguente leyenda: "Aquí yacen los restos del último campeón".
Fuente: diario deportivo OLE





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada