Círculos en los cultivos

Como toda obra humana de belleza monumental, parece trascender nuestra capacidad. Los dibujos en los sembrados brotaron a finales de los años 70 y alcanzaron su auge en los 80, casi siempre circunscritos a las Islas Británicas. Dave Chorley y Doug Bower eran pintores aficionados y se habían conocido en 1968, poco después de que el segundo se hubiera mudado desde Australia. A finales de los años 70 Bower recordó que, en Australia, se había atribuido en 1966 un círculo de hierba aplastada al aterrizaje de un plato volador. "¿Qué crees que ocurriría si hiciéramos un círculo por aquí?", preguntó a su amigo. "Que la gente pensaría que aterrizó un platillo", respondió su amigo. Se pusieron manos a la obra; pero, después de dos veranos de actividad y más de una docena de creaciones, estuvieron a punto de abandonar.
A pesar de que ponían todo su empeño, no conseguían que nadie se fijara en su trabajo. Todo cambió en agosto de 1980 cuando el diario The Wiltshire Times publicó la noticia del hallazgo de un círculo del cultivo –así lo llamó– en un campo de avena cerca de Westbury. Había nacido un fenómeno. Al año siguiente, acaparaban ya titulares e iban aprendiendo a hacer formaciones cada vez más complicadas: una de las últimas aparecidas en Reino Unido tiene 45 metros y codificado el número pi. Ya saben, el cociente entre el perímetro de la circunferencia y su diámetro, un número que tiene infinitos decimales (hasta ahora, se conocen 1,2 billones). El círculo pi contiene en clave sus primeros nueve decimales -3,141592654-, seguidos de tres puntos suspensivos. Su descubrimiento conmocionó en junio a los cereálogos, como les gusta llamarse a los estudiosos del fenómeno.
La cerealogía vivía su época dorada cuando en 1991 dos pensionistas ingleses acabaron con la fiesta. O, al menos, eso parecía entonces. Las aventuras de la extraña pareja se prolongaban en los pubs donde se reunían los cereálogos y en las salidas al campo de los expertos. Así se enteraban de cuál podía ser, en opinión de los especialistas, el siguiente paso lógico en la evolución del fenómeno. Si éstos especulaban con la posibilidad de encontrar dos círculos conectados, Chorley y Bower satisfacían sus deseos: los creaban en cuanto podían. Como los nuevos dibujos respondían a lo que esperaban, los cereálogos terminaron por convencerse de que detrás del fenómeno había una gran inteligencia (no humana, claro). Después de torear a los expertos durante años, los jubilados confesaron sus fechorías en 1991. Pero no había acabado. Los sesentones habían hecho escuela. Lo habían gritado al mundo escribiendo en un cultivo en 1986 su famoso ‘No estamos solos’, que no era un mensaje marciano, sino de Bower y Chorley hacia sus imitadores.
Los dibujos siguen apareciendo todavía. En junio, lo hicieron en España en forma de extraño pictograma que era, en realidad, el logotipo de una marca de ron. Sus creadores fueron Rob Irving y John Lundberg, los Circlemakers (hacedores de círculos). Estos artistas británicos son los autores de un manual para fabricar círculos, se ganan la vida con la publicidad y se divierten haciendo dibujos a los que los cereálogos siguen buscando significados ocultos. El círculo de pi es una creación suya. A no ser que, como ironiza el biólogo ángel Felicísimo, de la Universidad de Extremadura, los extraterrestres usen el sistema decimal de numeración, el punto decimal como separador y nuestros puntos suspensivos, además de no estar muy avanzados: "Que conozcan el número pi con nueve decimales sitúa a los extraterrestres al nivel de conocimientos del siglo XV terráqueo, cuando el matemático Al-Kashi lo calculó con dieciséis decimales".

3 comentarios:

    On 26 de septiembre de 2008 1:12 Anónimo dijo...

    Moraleja: Ojo al piojo con los sesentones para el 'verso'. y Pablo: no estes tan seguro de la inexistencia de los extraterrestres... Estamos los que creemos que los sacerdotes lo son. Robert

     

    quién te dijo que no creo en la existencia de los extraterrestres?

     
    On 27 de septiembre de 2008 15:44 Anónimo dijo...

    Me lo dijo José Galiano, pero no tu amigo: el extraterrestre. Robert