lunes 6 de octubre de 2008

Sesión 16: "El centro de mesa"

Todavía no me decido a dejarla. La última sesión la vi mejor, parecía distinta, y quizás ella haya podido cambiar. Eso me pone bien.
Quise empezar remarcando ese problema trascendental del que vengo hablando desde la primera sesión. Ese tema íntimo, que me viene atormentando, que no me permite sentirme libre, concentrarme en mis objetivos y disfrutar.
Esa preocupación por la cual, hasta el momento, no había tenido ningún tipo de apoyo, respuesta, ni ayuda por parte de mi terapeuta, quien sólo se ocupó de eludirla y postergarla.
Hoy, por momentos, pudimos profundizar algo y llegar a cierto nivel de comprensión. Aunque, como de costumbre, caímos en ciertos desfasajes y cortocircuitos en nuestra comunicación.

- Le vuelvo a insistir que me desespera y me pone nervioso cuando un "centro de mesa", cualquiera sea, no está en el centro de la mesa -le dije secamente, dando inicio a la sesión-.

- Eso te pasa por que en tu vida no querés o no podés elegir. Mientras el centro de mesa está en el centro, reina la calma. De ese modo evitás jugarte, evitás decidir. Ni a la derecha, ni a la izquierda. Perfecto, no hay conflicto, está todo en orden, en armonía, en equilibrio. Tenés que soportar que las cosas no son simétricas, perfectas y tenés que animarte a elegir.

- Yo elijo mi vida. Elijo siempre. Elijo no elegir.

- Tenés que elegir elegir.

- No, porque elegir, también es rechazar. Y yo quiero el oro y el moro; el pan y la torta; la chancha y los veinte; pájaro en mano y además, cien volando.

- Hay que poder elegir, porque elegir es decidir. Y la vida está hecha de decisiones. ¿No creés que es así?

- No sé.

- Para la próxima sesión pensá sobre qué cosas te cuesta decidir, así vamos profundizando sobre este tema. ¿Lo podrás hacer?

- Sí... no, no sé.

- Así no se puede trabajar. Mínimamente hay que tener una noción de algo. Saber dónde uno está parado. Para decidir, hay que registrar el entorno, conocerlo y aceptar que uno se puede equivocar. ¿Está bien Ariel?

- ¿Cómo Ariel, Doctora? Ya hace un mes que vengo, tres veces por semana y Ud. me sigue llamando Ariel! Es de no creer esto. ¿De qué entorno me habla si ni siquiera registra cómo me llamo?

- Vos me seguís diciendo "Doctora", cuando yo no soy Doctora, soy Licenciada.

- Bueno, le digo “Doctora” de manera amable, porque en jerarquía suena mejor, es más lindo que "Licenciada".

- Y "Ariel" es un nombre más lindo que "Andrés". Lo dejamos acá.

2 a ellos también les pasa:

Lorena Frost dijo...

para mi, hay que sacar un libro ya!
Buenisimo! Me he reido. Y eso que soy de dificil humor!

Gustavo dijo...

Jeje Excelente!!!!!!!!!
AL Colon!