Pero de repente ocurrió. Hacía mucho que no me pasaba y estaba sucediéndome de nuevo. El mundo se circunscribía al libro y a mis manos sosteniéndolo, no podía avanzar con la lectura porque me dominaban dos sentimientos intensos: por un lado el placer de leer algo tan bello y por otro la angustia de estar leyendo la esencia misma de la existencia - la tuya, la mía, la de casi todos -. Eran un puñado de páginas al final del libro las que no podía soportar, las últimas. Esas páginas que tienen el extraño poder de contener la inmensidad; que sostienen un GRAN FINAL no solo en cuanto a la historia que cuentan sino a como la cuentan, con las palabras justas, enfocando las sensaciones apropiadas en los momentos apropiados.
No pude leer esas páginas finales, debí saltarlas (solo leí la última, nada más). Es probable que nunca pueda leerlas porque esas páginas me enfrentan con migo mismo (y con vos, y con casi todos). Esas páginas me enfrentan con la condición de mortal (y eso es tan difícil de aceptar y soportar). Y el placer fue esta vez sobrevolar esas páginas con la vista y saber que contienen la propia vida: cruda y elegante, despiadada y cautivante, tan viva entre tanta muerte.
'Sábado', de Ian McEwan es un gran libro, prolijo, bien escrito, delicado, que transcurre sereno excepto por un par de sacudones bastante potentes, suficientes como para romperte la cabeza. Y excepto por ese final, claro...
'Sábado' sucede durante 24 horas de un sábado en la vida de un neurocirujano londinense (Henry Perowne), su esposa abogada y sus hijos. Un sábado con insomnio, con presuntos accidentes aéreos, con manifestaciones a favor de la paz, con bastante violencia, con un minucioso análisis del funcionamiento del cerebro, la existencia y lleno de cotidianidad y de vida. Porque quizá uno de los mayores logros de McEwan sea el de transmitir esa vida interior que se presenta en todos los momentos, desde los más límites hasta los más sencillos.
Pero volvamos al final...¿que tienen esas páginas poco antes de la última?: simplemente uno de los mejores finales con toda la crudeza de la misma existencia. Que duele, que incomoda, que te enfrenta con tu inmortalidad. Existencia que emociona y late de tan viva que aún está.



































4 comentarios:
Si este post fuese un juego y el juego consistiese en adivinar a quien pertenece el libro que acabás de describir (en forma impecable por cierto), me la hubiese jugado por Milan Kundera, no se si estaré en lo cierto, no he leído el libro, pero esa es la sensación que me da este artículo, y Kundera me encanta porque precisamente son "serenos" con pocos sacudones y están llenos de cotidaneidad y reflexiones sobre la existencia. Voy a hacerte caso y voy a leer el libro, me convenciste. Salvo la verificación de palabras para comentar, me encantó este espacio, volveré.
Saludos
estoy empezando el libro y me produce muchas cosas desasosiego, fruicción, en fin muy interesante de acuerdo contigo la insoportable levedad
creo que hasta ahora nadie ha hecho comentarios acerca del importante rol que la literatura cumple en este libro. les dejo un pregunta ¿Qué salva a la Familia Perowne al final de la novela? La poesía quizás.
Probablemente. Interesante punto de vista.
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